sábado, 21 de marzo de 2015

Me acuerdo que cuando escribí LA ESTRELLA PÚRPURA, el primer volumen de la trilogía «El legado de Flavia Julia», todo el mundo me preguntaba: ¡Ah!, vaya María, una novela nueva y, ¿de qué va?, ¿es una más de romanos?; luego de leerla venían las sorpresas, ya que no era «una más de romanos». Pues bien, en mi siguiente visita también hubo sorpresas. Si queréis saberlas, mejor, seguid leyendo esta entrada.

El Blog de María Serralba - Diario de ruta palentinaEn mitad de una planicie, de repente, nos topamos con esta extraña construcción. A simple vista parecía una nave, aunque algo te decía que lo que contenía o mejor dicho, preservaba, debía ser muy importante por la forma en que estaba cuidada, y así fue. En el interior de este gran espacio de armazón de hierro y cemento se encontraba nuestro siguiente objetivo, la VILLA ROMANA DE LA OLMEDA.

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En 1968 el propietario del terreno se encontraba removiendo la tierra y se topó con un muro y de ahí, localizó unos pequeños trozos de piedra de colores. Cuando lo informó y fueron analizados resultó ser parte de la construcción de una villa romana datada a principios del s.II d. C., en época Flavia, de 4.400 mts. cuadrados de extensión con 1.450 mts. de superficie recubierta con preciosos mosaicos, todo una hallazgo arqueológico e histórico.

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Nada más entrar me quedé con la boca abierta, ¡qué maravilla!, así que acto seguido saqué el folleto de mi novela y con él, me paseé por todas sus estancias; mi criaturita no podía pederse ni el más mínimo detalle de ese gran encuentro.

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Con un sistema de dinamización muy acertado, pude seguir cada una de las partes de la villa y conocer para qué eran utilizadas, y un poco también de su historia, pero, si las demás eran espectaculares se quedaron en nada al llegar al salón principal, o también llamado «Oecus». Al ser la estancia donde se llevaban a cabo la gran mayoría de actividades propias del rango del señor, en ella se notaba que habían echado la casa por la ventana. El mosaico representaba una escena mitológica muy particular, «Aquiles en Skiros» y se le veía con indumentaria femenina haciéndose confundir con el resto de mujeres en el gineceo del palacio del rey Licomedes. Cenefas con los rostros de miembros de la familia y escenas de caza componían este magnífico mosaico de dimensiones espectaculares.

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Sirva como apunte que, cada pieza de mosaico, es del tamaño de la uña de vuestro pulgar, más o menos, así que haceos una idea del trabajo tan grande que supuso en aquellos tiempos el completar todos esos metros y, además, hacer combinar correctamente la tonalidad de los colores de cada una de las piedras extraídas, de forma natural, de las canteras cercanas a la zona.

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El Blog de María Serralba - Diario de ruta palentinaLa construcción de los baños era digna de ver, con zonas de termas, asientos para hablar mientras remojaban sus piernas y escalones que descendían a donde, en otros tiempos, se suponía que debió existir una preciosa piscina de aguas cristalinas. Todo un referente de los spas que conocemos en la actualidad.

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Otra de las curiosidades fue los conductos donde se canalizaba el agua caliente para que su vapor calentase los suelos de las estancias que tenía sobre ellos, un sistema que hoy en día todavía se pone en práctica, aunque el material calorífico sea otro.
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Como antes de entrar me había dado tiempo a hablar con el recepcionista a cargo de la expedición de tickets, le comenté un poco acerca de mi novela, y, para mi sorpresa, cuando salí me recibió con una deslumbrante sonrisa y un: Bienvenida a su villa, ¡María Serralba!
Durante el tiempo que había durado mi recorrido el buen señor se había preocupado en conectarse a internet y estudiarme de pies a cabeza, así que al marcharme, le regalé como recompensa el folleto viajero de mi novela con mi autógrafo y por su parte, me llevé la promesa de que, a todo el que entrara a visitar el museo les diría, que si estaban interesados en saber algo «más de romanos», que leyeran mi novela; a eso, un buen amigo mío le llamaría «venta cruzada», yo, sin embargo le llamé anécdota de un viaje.







Marché de allí encantada y satisfecha al comprobar que lo que había descrito hacía algunos años en mi novela le transmitirían al lector la misma sensación que yo experimenté al verlo in situ.

El Blog de María Serralba - Diario de ruta palentinaYa de regreso, y viendo que era mi último día en Aguilar de Campoo decidí acudir a un lugar del que ya había probado sus dulces, así que ahora me faltaba escuchar sus rezos, me refiero al MONASTERIO de SANTA CLARA, un lugar fundado en 1430 y ocupado desde el 1485 por la comunidad de las hermanas clarisas, dedicadas a la oración y a la repostería.

El Blog de María Serralba - Diario de ruta palentinaPara dar fé, nunca mejor dicho, entré en los albores de la Cristiandad asistiendo al último culto de la noche. A simple vista, aquella iglesia era como las demás, pero lo que la hacía diferente era, la forma de oficiar la misa del párroco. Situado justo detrás del altar que estaba ubicado en un lateral, en mitad de la bóveda de la capilla del s.XIII, y no en el centro, como solemos ver habitualmente en todas las iglesias,  además puesto de manera trasversal, se colocó el sacerdote, mirando hacia el frente donde estaba situado el sagrario y entonces supe el porqué. El oficiante se hallaba entre dos hemisferios: el de su izquierda, repleto de bancos corridos donde se congregaba la plebe, es decir, nosotros, los feligreses y el de su derecha, y tras una ausenta reja de forja que delimita la zona dedicada a la clausura, donde se congregaba un grupo de monjas miembros de la comunidad religiosa. Como dice el refrán: «nunca te acostarás sin saber una cosa más»

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