lunes, 10 de junio de 2013

On 21:47:00 by MARÍA SERRALBA in ,    1 comentario
Desde que me he hecho urbanita y utilizo los transportes públicos para desplazarme a todos los lugares de mi ciudad, soy más consciente de cómo actúa el ser humado ante algunas situaciones, os voy a poner un ejemplo.

Me encontraba en la parada del bús, cuando un hombre se me acercó. A mil leguas se notaba que iba bebido, sin embargo, hacía todo lo posible para que nadie se diera cuenta de ello, cosa que resultaba francamente imposible ya que, los vaivenes de sus gestos, y el olor de alcohol y no se qué cosa más, le delataban.
- ¿Ha pasado ya el autobús? -me preguntó, haciendo referencia a un número de línea que le conduciría hacia el centro de la ciudad.
-Sí, ahora mismo acaba de pasar -le dije, un poco para ser cortés y en parte, para saber hasta que punto era consciente de qué línea era la que tenía que cojer.
-Vaya, que mala suerte tengo hoy -se confesó, pegándose repetidos golpes en la cabeza con ambas manos.
-Tranquilícese, hombre, que yo tambien lo he perdido,pero ahora mismo viene otro de camino, ya lo verá.
-Pues entonces me da tiempo a encenderme un cigarrito -me dijo, haciendo el amago de abrir una pitillera que llevaba y que, para colmo, estaba completamente vacía-. ¡Ups!, vaya, se me han terminado, pero no importa, en el otro bolsillo llevo más -me dijo con cara pícara.

A pesar de su estado de embriaguez, el hombre resultaba de lo más simpático. Expresiones como esa, y el intentar a toda costa que su borrachera pasase desapercibida, lo hacía hasta aceptable, ante una sociedad que a la menor de cambio te está dando la espalda, así que siguió allí, tambaleante, mientras esperaba su autobús que curiosmente, también era el mío.

Nada más subir al vehículo, uno de esos denominados "lanzadera" que acoplan dos autobuses en uno, de repente fui testigo de un fenómeno inusual, el llamado "honda expansiva", me estoy refiriendo a que en aquel habitáculo plagado hasta el techo de pasajeros, repentinamente se formó un espacio vacio alrededor de dicho individuo, dejándolo aislado del resto, incluso de las barras de seguridad donde podía sostener su desequilibrado cuerpo.

-No estoy mal, se lo aseguro, señorita, bueno, mitad y mitad, sí... ¡ja, ja, ja! -me dijo, mofándose de él mismo y disimulando, ya que a pesar de su estado, también había sido consciente del vacio tan grande que toda aquella gente le había hecho-.Señorita, anoche es que estuve con mis amigotes y además de beber unas cuantas copas, también me he fumado un "porrito", pero cuando baje, le aseguro que ya se me habrá pasado todo -me comunicó.

Imaginaos como iba el "artista de la cuerda floja" después de dicha confesión. El va y ven de su cuerpo iba haciendo peonza entre las distintas butacas que para más inri estaban ocupadas por gente, por supuesto que a la mínima, le cedían gustosamente su asiento para que él lo ocupase, pero el hombrecillo se negaba en rotundo a ello ya que, según él, NO ESTABA TAN MAL.

Durante el trayecto, en el cual me tocó de compañero, me informó que, una vez llegado al centro de la ciudad, tendría que hacer trasbordo a otro vehículo por que iba a un centro de salud a recoger unas pruebas, concretamente un tac que le habían hecho semanas antes. Cuando oí eso, lo primero que pensé es que, con aquella "melopea", lo más seguro es que no llegase ni a la vuelta de la esquina, pues de eso nada, menos mal que minutos antes me había dicho donde debía bajar, y qué autobús debía volver a cojer, porque al poco tiempo le oí decirme...
-Perdone, señorita, que me ponga aquí, cerca de usted, pero que sepa que no la estoy siguiendo, es que usted sabe a donde voy y yo, ya no me acuerdo.

Y ahora digo yo: y ¿si no llego a escucharle?, y ¿si le hubiese dado la espalda como todos?, a estas horas, ¿dónde estaría el tal Luis?; seguro que todavía estaría dando vueltas por Alicante. ¡Dios!, esto no me podía estar pasando a mí -me dije-, así que ya os podéis imaginar mi apuro, ¿cómo iba a dejarlo allí, sin más, cuando lo único que hacía el resto de personas era mofarse de él cuando los tirones del bus le hacían girar alrededor de una de las barras como si se tratase de una estreeper?, así que acepté mi destino y le acompañé hasta la siguiente parada y de ahí, hasta que le vi tomar el otro autobús, pero antes de subir a él, se despidió de mi muy amablemente, me estrechó la mano, me dijo su nombre, y me deseó un buen día.

A pesar de todo, aquel hombre sí demostró ser una persona y no, todos los demás, que lo único que hicieron fue reirse del desvalido y ahuecar el ala para no complicarse la vida más de lo necesario, pero... ¿y si les hubiese pasado a ellos? Está claro que hay personas y personas, pero Luis en concreto era de los que se le veía a todas luces que se había excedido un poco, pero nada más, de ahí, a catalogarlo y tratarlo como un alcohólico empedernido, me pareció excesivo. En fin, c´est la vie.

1 comentario:

  1. TAL VEZ ERA UN áNGEL INSPIRADOR QUE SABEDOR DE TUS DOTES, QUISO DARTE UN MOTIVO PARA QUE LOS DEMÁS GOCEMOS CON ESTE BONITO RELATO.
    Felicidades María

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LEITMOTIV DE MARÍA SERRALBA

«La fuerza inagotable que anida en mi interior, es la fuente de la que se nutre mi perseverancia por ver hecho realidad mi único deseo». ©María Serralba

CITAS CÉLEBRES
«Cuando la mente y el cuerpo están en perfecta sintonía, el ser humano es capaz de todo, y cuando esto no es así entonces... se puede esperar cualquier cosa de él» A la sombra de tu piel ©María Serralba
«En un mundo donde todo es sentimiento el sexo que tenga este carecerá de importancia». El Dios del faro ©María Serralba
«Todo el que se ensalza será humillado y el que se humille será ensalzado...» La estrella púrpura ©María Serralba
«Si la inspiración no viene a mí salgo a su encuentro a mitad del camino». ©Sigmud Freud
«Sin los escritores, aun los actos más laudables son de un día» ©José Augusto Trinidad Martínez (Azorín)
«Un autor de historias fingidas escribe el libro que quiere leer y que no encuentra en ninguna parte» ©Augusto Roa Bastos
«Existe una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad o la energía atómica y es, la voluntad» © Albert Einstein