domingo, 4 de mayo de 2014

On 10:21:00 by MARÍA SERRALBA in ,    1 comentario
Los sentimientos tan solo surgen del corazón, cuando hay algo en nuestras vidas que les invita a trepar por nuestro pecho y explotar, pero nada es comparable al sentimiento de una madre hacia su pequeño. A ellas va dedicada mi poesía, y a ese mundo silencioso de miles de mujeres que han volcado en nosotros todo su sentir y que, en ocasiones, descubrimos demasiado tarde.

Del tronco de un árbol afloraste,cual simiente insegura y vespertina,respetando el entorno de tu ambiente a la espera,del abrigo de algún vientre que te diera cobijo en su guarida.

Ella, ajena, no sabe que te lleva,y el pavor aún contemplo en su mirada cuando nota,un tanto acongojada,que es tu cuerpo y no, el suyo, el que tiembla.

Tras nacer envuelto en una maya de hebras y membranas purulentas,con el agua cristalina de su llanto limpió de tu cuerpo la maleza,desvelando la tersura sonrosada de tu tronco,brazos, ojos, piernas, manos y cabeza.

Dos anillos cimbreantes te arroparon haciendo inolvidable tal encuentro,y de amor infinito y sin cordura,te cubrieron la cara con sus besos regalando a tus ojos un "te quiero" sin palabras, y cargado de ternura.

Quizás fuese el soplo y el susurro de su aliento que insufló el aire a tus pulmones,o su frase, dicha con recogimiento,lo que hizo que el tiempo se parase y compartierais un solo entendimiento.

"Soy mamá, mi tesoro, y tú, mi ángel”

©María Serralba

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