viernes, 21 de marzo de 2014

On 19:42:00 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios

"Señoras y señores: nos acercamos a ustedes con un gratísimo cometido; presentarles el nuevo trabajo de la genial escritora alicantina María Serralba".

Con palabras como estas o similares, fui presentada en la localidad de Yecla (Murcia). Tierra de pintores, como Juan Albert Roses; o de escritores, como José Augusto Trinidad Martínez Ruiz (Azorín) ó José Luis Castillo Puche, pero también tierra de misterios e incógnitas. Permitid que os narre cómo se desarrolló esta extraña velada donde tampoco faltaron las sorpresas.
 
Con una hora de anticipación se iniciaban los preparativos previos en el Salón de Actos; sonido, luces, vídeo, etc., casi todo estaba listo y digo "casi", porque al parecer el USB donde yo llevaba el book tráiler de mi novela dijo que no quería ser reconocido por el PC, así que no funcionaba, instante en que más de uno empezamos a notar que los nervios hacían mella en nosotros. Un ordenador. Dos ordenadores. Ahora se ve. Ahora no se ve. Y así hasta que al final se consiguió dar una eficaz solución al problema, aunque para ello tuvimos que recurrir al  conocimiento técnico de uno de los miembros de las instalaciones, y a desanclar el ordenador personal del Director de la Casa de Cultura de su despacho y bajarlo a la sala.
 
Mientras, en el exterior, una lluvia en forma de cortina arreciaba de manera anómala e inesperada, intentando en vano amilanar los deseos de todo aquel que tenía la férrea intención de asistir al acto. "Esto no es nada habitual en Yecla, María, seguro que la lluvia te la has traído tú" me confesaba D. Liborio con una amplia sonrisa. El atribuir a que quizás yo, fuera la artífice de dicho fenómeno climatológico, no me extrañó en lo más mínimo -los que me conocen ya se imaginarán el por qué-, aunque fue el toque de humor que nos sirvió a todos para calmar un poco los nervios de minutos antes.
 
"Pero... ¿dónde están las llaves?"
 
No, no es ninguna canción. De forma sorprendente, entre gestión y gestión informática, el manojo de llaves perteneciente al Director de la Casa de Cultura, y que daba acceso a todos los recovecos de las instalaciones y mucho más, desapareció ante nuestro propios ojos como por arte de magia. No estaban por el suelo -ya que no habían hecho ruido al caer-; ni estaban sobre la mesa de la sala -porque yo las había visto minutos antes y os puedo asegurar que tanta llave junta no pasaba así como así desapercibida-, entonces... ¿dónde estaban las dichosas llaves?
 
Mientras unos cuantos las buscaban por todas partes como verdaderos sabuesos, a mí los nervios me llevaron a hacerme fotos con los que ya estaban aguardando el inicio del acto; más presión si cabe, pero recordando la actuación de los jefes de pista en los circos, que cuando hay alguna incidencia en el horario previsto rellenan el tiempo con verborrea, mi misión en esta ocasión se centró en hacer más llevadera la espera y..., qué mejor manera que tomando algunas instantáneas de recuerdo con los allí presentes.




¡Al fin! se inició el acto sin ningún otro tipo de incidente. Los asistente no apreciaron el galimatías ocurrido minutos antes y todo fue sobre ruedas.
 
D. Liborio Ruíz Molina, Director de la Casa de Cultura, fue el encargado de presentarme ante los asistentes. Su minucioso análisis de mi historia dejó a todos sorprendidos, incluso a mí, al ver que había logrado exprimir de la novela mucho más de lo que otros lo habían hecho. Según él, en la trama se jugaban dos partidos de fútbol -hipotéticamente hablando-, uno, cuando Emilio era niño; y el otro, ya de adulto. Los mensajes velados que suelo dejar en mis escritos habían sido descubiertos y ello, me satisfizo enormemente.

"María Serralba es una autora que penetra en el interior del ser humano, con todas las consecuencias, pero respetando minuciosamente, todas y cada una de las fibras más sensibles del alma humana".
 
Cuanta vedad había en las emotivas palabras de mi buen amigo Pedro Ortuño. Su alocución para la presentación de mi persona como escritora fue -y empleo sus mismas palabras-, "un corolario de auténtico postín". Con la fluidez del que se sabe veterano en las lindes literarias, Pedro Ortuño leyó su guión puntualizando cada frase, cada adjetivo, y todo ello de forma magistral, ofreciendo así al público una imagen más de sí mismo que todos ya conocían, y que todos ya apreciaban y valoraban, y que no era otra que, la de ser un amante incondicional tanto de la lectura como de la poesía y de las letras en general.
 
Sin embargo, tuve que posponer mis agradecimiento para dar paso a la improvisada intervención de D. Jesús Verdú, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Yecla, que nos sorprendió a todos con su asistencia, y al que rogamos que estuviera presente y participara activamente en el acto. Entre sus amables palabras, algunas calaron muy hondo en mí: "Has de saber, María, que el cariño de Yecla hacia ti es recíproco, y que siempre tendrás las puertas de esta localidad abiertas para ti". Mensaje explícito que mi mente tradujo en que allí, sería precisamente donde presentaría una próxima novela.
 
La velada resultó amena, hasta cierto punto incluso informal y distendida, y sobre todo, muy jovial. El haber sido compañera de mesa de estos tres "mosqueteros" me sirvió para divagar un poco sobre la trama de la obra, así como de mis futuros proyectos.



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Me hubiese gustado ofreceros más imágenes del evento, pero, entre el tiempo que hizo, y los numerosos actos culturales que se ofrecían ese mismo día en la localidad de Yecla, no nos permitió extendernos en muchos más detalles, aun así conseguí las instantáneas con Fina, una mujer muy reconocida en Yecla, y la familia Navarro, al completo, que quisieron acompañarme.

Recurriendo a mi norma de calificar los actos con una palabra, en esta ocasión me voy a permitir una licencia y emplearé varias. La presentación en Yecla podría calificarse de misteriosa, concisa, analítica y muy grata.
 
¡¡GRACIAS A TODOS POR VUESTRO APOYO!!

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