martes, 31 de diciembre de 2013

On 20:38:00 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios




MARÍA SERRALBA... Aceptó el reto y siguió la trama.
 
Sintiendo todavía la acerada punzada en su dedo anular, recapacitó y se preguntó a sí misma: "sí él estaba allí, tumbado, ¿quién había accionado el grifo del cuarto de baño? El corazón inició un trote descompasado dentro de su pecho, aquella situación era la primera vez que se le ofrecía y no sabía como reaccionar ante ella, es más, ¿qué derecho tenía si ella acababa de hacer más de lo mismo?

Levantándose con sigilo del extremo de la cama para no despertar a su esposo, que todavía parecía dormir, Valeria anduvo en dirección al lugar de donde procedía el sonido del agua brotando sin freno. Unos instantes de titubeo fueron suficientes para retroceder sobre sus propios pasos. No quería afrontar la cruda realidad, su esposo tenía una amante, pero... ¿a ella que más le daba? Sus vidas siempre habían estado conectadas inexorablemente por un cordón umbilical repleto de conveniencias y dominado por el poder, pero aun así, el ser testigo de esa acción por parte de él, le dolía y mucho. Cierto, todavía lo amaba, en el fondo de su corazón aquellos gestos como el de las rosas la hacían ruborizarse de un infantil placer, hasta el extremo que anulaba todo el odio que sus acciones imprudentes le habían hecho atesorar en lo más profundo de su alma.

"Sé valiente y hazlo" -se dijo, así que sin más titubeos se acercó hasta la puerta del baño y la abrió de un solo movimiento. Para lo que encontró en su interior, definitivamente, no estaba preparada.

JESÚS CORONADO... Aceptó el reto y siguió la trama.

Le golpeó el vapor húmedo en el rostro, aún así, siguió notando el calor en las mejillas. No era por el rubor que le produjo la rosa. Le asaltaron las sensaciones, explotaban en su interior como lo hace el maiz en una olla puesta al fuego. El sentimiento de sorpresa daba paso al engañó, el engaño a la rabia, la rabia a la ira. Era como estar en el centro de un tiovivo viendolas pasar sin poder hacer nada. Pero al fin, pasados unos minutos en que ambos sólo se miraban sin saber que decir, terminó llegando el alivio. Valeria supo que el problema estaba resuelto. De un plumazo, Javier lo había hecho.

- ¿Qué haces aquí, Javier? - preguntó.
- Ayudarte, Valeria. Te dije que resolvería el problema. Te quiero demasiado para verte sufrir. No quiero que cometas una estupidez.
- Pero ¿liarte con él?
- Sí, era necesario. Supe de sus gustos y pensé que era lo mejor. Él nunca pensó en dejarte, prometió hacerte la vida imposible hasta acabar contigo o que tú, acabaras con él. Así que hice que se enamorara de mí. No fue difícil.

Valeria no daba crédito a todo lo que estaba pasando. Su mente se bloqueó en un momento. Dudas y preguntas empezaron a golpearla con fuerza, como el herrero golpea el hierro sobre el yunque. Sin ser consciente de sus movimientos su cuerpo retrocedió hasta tropezar con la cama. Cuando giró su cabeza, Luis estaba despierto. Miraba atónito la escena, fijando su vista de uno a otro sin parar. Aunque lo que más llamó su atención fue el enorme cuchillo que Valeria sostenía aún en su mano izquierda.

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