viernes, 13 de septiembre de 2013

On 16:30:00 by MARÍA SERRALBA in    2 comentarios


Capítulo 5º

Poco después de haber contestado el mensaje, la puerta de la clase se abrió. Miré por encima de la pantalla de mi ordenador y vi a un chico de tez morena y pelo oscuro. 
 
Hola…, disculpa, ¿es esta la clase de Literatura Universal? -Preguntó desde la puerta.
—Sí, es esta  -le sonreí amistosamente mientras acompañaba el sí con el movimiento de mi cabeza.
—¡Gracias a Dios!, llevo siglos buscándola. -Me sonrío tiernamente subiendo las escaleras hasta un piso más bajo que yo, casi a mi altura.
—No te preocupes, no eres el único -le sonreí en respuesta volviendo mi vista al ordenador.
—Por cierto, soy Connor.
Al escuchar su nombre, volví mi mirada hacia el, viendo que había estirado su mano con la intención de saludarme de manera formal. Se la cogí respondiendo a su saludo.
—Encantada Connor -hice una  pequeña pausa-, soy Marie.
—Encantado Marie –me sonrió retirando su mano después de nuestro pequeño apretón-. Como verás, soy nuevo y me preguntaba si podrías enseñarme un poco esto y decirme donde están las clase; a la secretaría no le quedaban más planos de la Universidad.
—¡Oh!, pues yo también soy nueva –me reí suave apoyando mis codos en la mesa-, pero no te preocupes por eso, yo tengo uno, ¿podríamos compartirlo?
—Me paree una idea increíble.
—Pues… trato hecho, en la próxima clase nos vamos juntos.
En ese momento la campana comenzó a sonar dando por finalizado el tiempo de descanso para algunos alumnos. La clase comenzó a llenarse de personas que se sentaron diseminados por el aula.
A los pocos minutos, un hombre mayor, vestido de manera formal, entro llevando consigo un pequeño maletín. Lo puso en la mesa, y se giró para borrar lo que había escrito en la pizarra el profesor de la clase anterior y en su lugar, escribió en letras mayúsculas:

Die leiden des jungen Werther” ("Las desventuras del joven Werther" de  Johann Wolfgang von Goethe.



Cuando el profesor se dio la vuelta, todo el mundo calló, instante que éste aprovechó para observarnos por encima de sus gafas de culo de vaso.
—Hola a todos, soy el profesor Joseph Ford. Algunos me conocéis como el loco de la biblioteca –cuando dijo eso, toda la clase comenzó a carcajearse-. Oh, tal vez, la rata que escupe libros allá donde va –sin poder evitarlo, yo también me reí en voz baja mientras lo observaba detenidamente-. Estáis en la clase de literatura Universal…, sí,  chicos, literatura, así que quien no le guste leer o venga a mi clase a pasar el rato, mejor que se dedique a algo mucho mejor.
Todo el mundo se quedó en silencio escuchando cada palabra que salía de su boca, aunque yo llegué a captar una leve sonrisa que salía de la nada.
—Bueno… vamos a empezar por una gran novela, que para mi gusto, es una de las mejores de nuestro tiempo -hizo una pequeña pausa mirando a toda la clase.- ¿Alguien puede decirme de qué trata la novela?
Todos empezaron a mirarse unos a otros a ver si alguien hablaba. Miré a ambos lados, incomoda por tanto silencio. Giré mi mirada hacía el profesor, y de repente, él me señalo con el dedo.
—¡Usted!
—¿Yo? –susurré muy bajo señalándome a mí misma con el dedo.
—Sí, usted, dígame señorita…. -se calló de repente esperando que yo completara mi nombre.
—Marie Portman -respondí.
—Señorita Portman, ¿podría decirme de qué trata el libro? Espero que lo haya leído.
—Sí… -Tragué saliva nerviosa sintiendo la mirada de la gente sobre mí-. Trata sobre un hombre, Werther, un joven artista que huye de su ciudad en busca la liberación. Llega a un pequeño pueblo “Walheim” y allí se enamora perdidamente de Carlota, una chica realmente sencilla. El libro relata las cartas que manda Werther a su amigo Guillermo sobre todas las vivencias que tiene en el pueblo.
—Muy bien señorita, ahora díganos su opinión personal. ¿Qué piensa usted sobre el libro y lo que representa?
—En mi opinión y viendo la época en la cual se desarrolló, pienso que es muy triste y a la vez realista. Quiero decir, el romanticismo se basa en ello, el amor no correspondido, y aunque sinceramente no me gustan los finales tristes, hay que admitir que la mentalidad de los románticos es muy suicida en algunos casos muy extremos.
 
—Cierto, pero si Werther no se hubiera enamorado de Carlota nada de esto hubiera pasado -replicó una voz atrás mía, así que me giré para saber de quién era esa voz masculina.
 
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“¿Qué estaba haciendo él aquí?”, me dije a mi misma viendo como Justin me miraba fijamente mientras continuaba hablando.
—Como él dice en la obra, al principio sabía en lo que se metía cuando no quiso dejar escapar a Carlota. Podía simplemente haberla olvidado y vivir  la vida.
—Sí, pero él fue fiel a sus ideas; cuando te enamoras haces cosas que ni tú mismo piensas que puedes hacer -le respondí sosteniendo su mirada, lo cual provocó que una sonrisa apareciera en su rostro.
—Vaya, vaya, me parece que se ha iniciado un debate -dijo el profesor animado.
—El amor no dura toda la vida, cerebrito; deberías saberlo. Yo personalmente pienso que lo que sentía Werther por Carlota era solo una obsesión por algo que le era imposible.
—En eso te doy toda la razón, era un amor imposible. Werther hizo todo lo posible por olvidarse de ella, acaso, ¿no recuerdas cuando se fue a trabajar con el ministro? La dejo porque sabía que Alberto y Carlota eran felices. Pero a veces, el amor, cuando es verdadero, te es difícil olvidarlo. Lo que hizo Werther fue elegir el camino más fácil, pero sin duda quitarse la vida por miedo a quitar la de sus amigos me pareció muy noble.
—Entonces… si estuvieras enamorado de una persona y esa es feliz con otra, ¿te quitarías la vida solo por miedo a hacerles daño?
—No, claro que no. Como dije, no estoy de acuerdo con lo que el personaje hizo, pero sin duda no voy a juzgarlo. Fue su vida, él decidió lo que creía mejor para todos.
—Pues yo sigo pensando lo mismo, podría haberse ahorrado el drama de suicidarse y vivir la vida como todo hombre. Irse de putas y beber hasta el día siguiente –tras el comentario, no tardaron en escucharse las risas por toda la clase, aunque yo, negué con la cabeza mientras le miraba.
—Si supieras el verdadero significado de amar, ten por seguro que no dirías eso –acto seguido, me callé y me giré para mirar al profesor.
—¿Me estás diciendo que si me enamorara cambiaría de opinión?
—Estoy diciendo que no todo en esta vida es follar con una chica cada noche y emborracharte hasta perder el conocimiento.
—Bueno, chicos, creo que ya está bien, el tema del debate está saliendo del contexto de la novela.  –Mientras oía al profe, notaba la mirada de Justin sobre mi espalda-. Los demás, ¿qué pensáis de lo que vuestros compañeros han dicho? ¿Quién está a favor de la opinión de Marie y quién está del lado de Justin y por qué?
Nada de lo que se decía tenía ya importancia para mí, hacía minutos que había perdido el hilo de la clase pensando en la conversación que habíamos tenido Justin y yo hacía unos segundos. En eso que escuché como el timbre de la clase tintineaba, señal de que la clase había concluido. Recogí mi ordenador y el archivador metiendo ambas cosas en la mochila.
—Yo estoy contigo, me refiero a lo que has dicho sobre el libro de Goethe –escuché decir a Connor. Levanté mi mirada y le sonreí.
—Gracias -le volví a sonreí. Levantándome de la silla, bajé por las escaleras y le esperé.
—Sin duda te llevas todos los puntos en este gran debate –me comentó, cosa que hizo que nos riéramos mientras salíamos de la clase.
—¿Qué clase te toca ahora?
—Me toca ciencias políticas, ¿y a ti?
—Psicología. –Mirando el plano de la Universidad, le indiqué-. Mira, ahora estamos aquí y ahí, está la clase donde has de ir ahora –le señalé en el plano ambos puntos-. Si quieres te acompaño ya que me pilla de camino.
Sin esperar su respuesta, comenzamos a andar en silencio por los pasillos.
—Y dime, Maríe… ¿eres de por aquí?
—No. Nací en Nueva York pero a la edad de 10 años me mudé aquí con mis hermanos y mis padres.
—¡Oh!, vaya, con que tienes hermanos, eso es asombroso. –Su comentario insípido me hizo sonreír, aunque seguí mirando al frente.
—Sí, bueno, supongo que como mucha gente, aunque… últimamente no los veo mucho.
—Siento oírte decir eso –me susurró con un tono de voz apenado, lo cual me hizo levantar la vista y mirarle.
—Tranquilo, pero estoy bien –le sonreí de nuevo parándome en su clase-. Bueno, ya hemos llegado, aquí he de dejarte. Que tengas un lindo día.
Tras despedirme, me dirigí hacia mi clase. Entré en ella y me centré en escuchar atentamente al profesor. Al terminar la clase, recogí mis cosas y me fui hacia la sala de estudio. ¡Por fin! había terminado mi primer día de clase. Comencé a andar tranquilamente por los pasillos de la Universidad, observando a la gente emocionada, corriendo y hablando entre ellos. Empecé a esquivar a la gente del pasillo intentando llegar cuanto antes a la puerta de entrada mientras pensaba que no terminaba de entender la manía que tenía la gente de ponerse en medio del pasillo a hablar con otras personas. “Poneros a un lado para que la gente que tiene prisa pueda caminar sin estar esquivando a todo el mundo” –les grité para mis adentros.
Al fin salí de la Universidad y me encontré a un lado de la puerta a Justin y a sus amigos fumando y riendo, así que pasé de largo haciendo que sacaba las llaves de mi vieja camioneta para no tener que intercambiar ningún tipo de saludo con ellos. Le di al botón de desbloquear, puse la mochila en los asientos traseros y cerré la puerta mientras abría la del pilotó. Me subí, me puse el cinturón y tras introducir la llave de contacto, puse el vehículo en marcha, fue entonces cuando me fijé por última vez en el grupo de Justin y que él me lanzaba una mirada furtiva, así que puse la marcha y conduje fuera del estacionamiento a más velocidad de la que debía hasta que logré salir a la carretera.
 
Justin Point Of View
Después de mi gran debate en la clase de Literatura Universal con la cerebrito, no me la podía quitar de la mente.
“Vamos Justin, no me seas nenaza, men”. Mi yo interior me recriminaba por pensar cosas buenas sobre la nueva.
—¡Hey!, men, mira quien viene por allí -dijo Derek señalándome la puerta donde Marie salía, al tiempo que miraba hacia nosotros durante un segundo para que nuestras miradas se conectaran. Echo que me produjo el sentir un cosquilleo por todo mi cuerpo al ver sus ojos.
“Joder, Justin, ¿ahora resulta que piensas como una chica, o qué?” Volvió a recriminarme mi cerebro, aunque lo negué con la cabeza a ver si de esa forma me quitaba de encima aquellos absurdos pensamientos.
Me fijé como la chica subía a su camioneta, la miré fijamente esperando a que se fuera, pero antes de eso, se volvió a mirar hacia donde yo estaba.
—Chicos, nos vemos luego, ¿va? – les dije a mis amigos, tras tirar el cigarrillo. Les di un apretón de manos y me puse mi chaqueta de cuero.
—¿Se puede saber a dónde vas, bro? –Me gritó Scoot intentando que lo escuchara.
—Tengo un asuntillo que hacer. Luego nos vemos en el bar.
Encendí mi BMW, subí en él y salí del parking yendo en la misma dirección hacia donde se había ido la feucha. Saqué el papel del bolsillo y comprobé la dirección. Conduje con la música a tope hasta llegar a mi destino, aparqué justo a un lado de la calle. Me fijé bien en cómo, la nueva, entraba a lo que parecía un hospital. Me bajé del coche cruzando la calle hasta pasar al otro lado y me fijé en un cartel que había justo a mi derecha.
CENTRO DE REHABILITACIÓN DAFO
FUNDADA EN 1996 POR EL DOCTOR WILSON
“Vaya con la cerebrito, al parecer no es tan santa como parece”. Una sonrisa cínica apareció en mi rostro.
 
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2 comentarios:

  1. Oh mi madre es tan gfvhb,gfkjhbkjgfbkj JUSTIN DEJA A MARIE EN PAZ jajajajaja siguela pronto Mitchie

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  2. La amé, pero publicas cada 2 meses o asi.. Siguela pronto porfavor :)

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