miércoles, 31 de julio de 2013

Con estas historias no pretendo que mi blog se convierta en un diario, aunque de haberlo tenido en su día otro gallo cantaría, pero he de confesar que gracias a él, tengo cubierta mi faceta de reportera indiscreta y de paso, poder transmitir experiencias cotidianas como la que he vivido hoy.
Desde las 9 de la mañana he ido pegando tumbos por Alicante, dejándome envolver por los insolentes rayos del sol que no me han dejado tranquila ni en la sombra. El aire se notaba menos contaminado que de costumbre, quizá sea porque el tráfico ha descendido considerablemente en la zona de la capital y el aluvión de vehículos se ha desbocado hacia la de playas, pues bien, allí estaba yo, en la puerta de la A.E.C.C. con la intención de hacerme una revisión rutinaria de prevención de cáncer de mama. La amable recepcionista me ha atendido en un plis-plas y he esperado paciente mi turno junto a otras seis mujeres, pero no todas estábamos allí por pura rutina. Cuando te ves en esos lugares no puedes evitar el pensar que esa realidad existe, que hay mujeres que no solo están para una revisión rutinaria, sino que han sido tocadas por un mal que desgraciadamente cada vez está más extendido en la Sociedad y que estamos empezando a considerar como algo cotidiano, como algo de andar por casa. El tener un miembro en la familia con cáncer, amigos,  os puedo asegurar que no lo es, ni para el enfermo ni para la familia.
¿Podríamos hacer algo más de lo que ya hacemos? Seguro que sí, siempre hay miles de alternativas para colaborar con estas causas, no se centra todo en un donativo esporádico cuando nos abordan en la calle con las famosas huchas, o en las mesas de colecta, unas señoras muy bien vestidas y de peluquería que amablemente te prenden un alfiler en la solapa de la chaqueta al tiempo que ven tu mano hacer la acción de depositar una cantidad de dinero en preciosas cestas adornadas con pompones de color. Hay una labor en la sombra que nadie ve y esa es la de las familias, esos seres anónimos que ofrecen a los enfermos el mejor antídoto que existe en el mundo y es el amor infinito envuelto en una gran dosis de paciencia, ternura y comprensión.
Tú también puedes aportar tu granito de arena, contacta con A.E.C.C. y elige la vía que mejor encaje dentro de tus posibilidades, yo lo hice y lo seguiré haciendo siempre que se presente la ocasión; recuerda, un día son ellas, pero otro, puedes ser tú la que esté en su lugar.

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