miércoles, 24 de julio de 2013

On 21:10:00 by MARÍA SERRALBA in ,    Sin comentarios

No sé si a alguno de vosotros os sucede lo mismo que a mí, pero siempre me ha gustado pararme disimuladamente a escuchar la conversación de las personas mayores, con sus tónicas tan singulares y controvertidas, prueba de ello la que no hace mucho escuchaba de tres buenas amigas, al parecer, hacía tiempo que no se habían visto y en cuestión de minutos se pusieron al día.
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-¡Fina!, chica, pero que alegría verte, ¿y eso tu por aquí?
- He venido a ver a mi hijo que se ha comprado una casa en este barrio.
-Eso es estupendo, no sabía que tu hija se hubiese quedado a vivir por aquí.
-Hijo, Roberta, es mi hijo el que se ha venido a vivir al pueblo.
-Si ya decía yo que la niña me parecía un poco extraña de pequeña, sobre todo cuando tomó la comunión, pero es que ahora ya no hay quien les entienda, igual quieren vestir de una manera que de otra... hay tanta cosa rara por ahí que, si yo te contara...
-Mi hijo no tiene nada de raro, Roberta.
-Tu hazme caso a mí, Finita, lo que has de tener es mucha paciencia con esa gente, te lo digo por experiencia, mi Juanita empezó como la tuya, a vestirse rarita y al final terminó marchándose del pueblo porque veía que llamaba mucho la atención, pero yo creo que todo era pura envidia que le tenían las demás muchachas.
-Perdona, pero el caso de tu "Juanito" es diferente. El mío, se ha casado bien casado y ahora mismo tiene dos niños preciosos: si quieres te envío una foto de ellos por internet.
-No, deja, deja, por el trenet ni te se ocurra, mejor que no, qué, vete tú a saber si se pierde, mejor se lo dejas al Pascual en la carnicería la próxima vez que vengas, que yo de los trenes no me fio ni un pelo.
-Bueno, creo que será mejor que me marche, Roberta, lo cierto es que tengo un poco de prisa.
-Claro, mujer, vete, anda, vete, a ver si se va a creer tu hija que te has perdido, ya sabes cómo somos los viejos con esto del Alzheimer, un día salimos de casa y al siguiente estamos en otra.
-Hijo, Roberta, es mi hijo el que va a venir a por mí.
-Bueno, bueno, mujer, no te pongas así que no es para tanto, cada uno sabe lo que tiene en casa, tranquila que puedes confiar en mí, seré una tumba.
-Adiós, Roberta, cuídate.
-Adiós, Fina, tú también cuídate y dale recuerdos a tu hija de mi parte y que no se preocupe por los niños, que eso no es hereditario.

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