lunes, 21 de abril de 2014

On 0:00:00 by MARIA SERRALBA in , ,    Sin comentarios
Sin creerme lo que los expertos predecían sobre la climatología, me lancé a la aventura andaluza con indumentaria totalmente veraniega y espíritu de soñadora, aunque ambas cosas me duraron poco al contemplar el paisaje que me acompañó durante todo el recorrido y que se iba agravando por minutos.

Amenaza de lluvia; eso es lo que decían las estadísticas y el termómetro del coche no mentía al indicar 11 grados mientras que en el exterior, las nubes habían pasado del blanco algodonado al gris ceniza. "Esto no puede ser Andalucía", me dije, pero sí, efectivamente ya estaba divisando territorio andalúz aunque no sabía exactamente dónde me encontraba ya que mi GPS, se había vuelto loco y no reconocía las nuevas vías de circulación que atravesaban las verdes montañas.
Menos mal que la compañía de un camión repleto de simpáticos cochinitos, me hizo más leve el viaje de cinco horas.

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