martes, 11 de febrero de 2014

On 12:43:00 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios
Cuando alguien a tu lado te dice: "Voulez-vous prendre un chardonnay?", además de resultarte un tanto extraño el ofrecimiento, tu mente, automáticamente cataloga dicha invitación como sinónimo de lujo y glamour, y no es para menos. Una botella de champaña Chardonnay, de una añada del 2004, puede alcanzar en el mercado fácilmente el precio de 190€ ¡¡ la botella !!, para que luego digan que la uva no está por las nubes.

 
Y también has de tener claro, que, el que te está diciendo eso, no te está invitando a un simple vino blando de mesa, y no lo digo por su astronómico precio, sino que tras él tiene una historia y que su procedencia es de Tierra Santa, ¿cómooo? Tranquilos, ya sabía yo que no me ibais a creer, así que a continuación os explicaré el porqué de mi afirmación, pero antes permitid que os ofrezca algunas de las curiosidades a colación del tema que estamos tratando hoy.


El vino Chardonnay, tal como se conoce, podríamos decir que es un vino relativamente joven, ya que a raíz de la plaga de filoxera que arrasó las cepas europeas en el s.XIX, los vinicultores no tuvieron más remedio que ingeniárselas como pudieron y probar a injertar cepas de procedencia americana a las pocas europeas que se salvaron de la devastación.
 

Está de más el decir que el mercado del vino es una importante fuente de ingresos económicos para el país que se mueva en ese terreno, pero además, antes de el producto final, el brebaje en sí, no nos olvidemos que hay toda una cadena de elaboración que vive de él y no solo eso, sino que obtiene de su fruto beneficios más allá de los materiales.
 
Las uvas claras y soleadas que dan ese toque tan peculiar al Chardonnay, también son apreciadas por otros aspectos.

El fruto en sí es rico en Vitamina C y sumamente nutritivo. Dentro del terreno de la gastronomía, y cada vez más en la alta cocina o cocina de diseño, se puede encontrar tanto el fruto como el producto final, como complemento en aderezos de salsas, maridajes de alimentos, ingrediente de algún cóctel o bien, como protagonista principal de un exquisito pastel, pero sus cualidades van mucho más allá de los fogones o de las bodegas.
 
En el terreno de la salud, la uva, cuando se ha secado y se convierte en lo que todos conocemos como uva pasa o sultana, es empleada en medicina popular para pectorales. Los granos jóvenes, triturados y convertidos en zumo, son un remedio estupendo para soportar las altas temperaturas del verano por su cualidad refrescante y cuando están maduros tienen propiedades laxantes.









Pero para que sepáis que de las cepas es todo aprovechable, no solo su fruto, los pámpanos y brotes tiernos, ricos en taninos y antocianos, se pueden emplear como astringente contra diarreas y hemorragias nasales (en forma de polvo). El agua de su cepa que brota en primavera tiene cualidades diuréticas y si todo ello fuese poco, tras el proceso de fermentación también podemos obtener de ella alcohol y vinagre.


 
Después de toda esta disertación, lo que en realidad me ha resultado curioso es lo siguiente:
 
¿Sabíais que fueron los cruzados de Palestina, los que llevaros sus granos desde Tierra Santa hasta la región de Borgoña?

Si analizamos detenidamente las cualidades que ha de reunir el terreno para el cultivo de esta variedad, lo que os he dicho no es tan descabellado, ya que esta uva blanda necesita de suelos compuestos en su mayor parte por piedra caliza y arcilla, y Jerusalén es muy rica en ello.

Pero esto que os digo no es una simple casualidad, o un idea que me ha venido a la cabeza repentinamente, hay estudios históricos que corroboran dicha información y si con ello no quedáis satisfechos, os desvelaré su secreto.

Los caballeros cruzados llamaron a estas semillas "Porte de Dieu", cuyo significado en castellano es "Puerta de Dios", pero no fue un nombre que se les ocurriera a ellos por casualidad, sino que en verdad, lo único que hicieron fue adaptar el verdadero a su propio lengua.

El nombre original de estas cepas o semillas proviene del hebrero y se escribe "Sha´har-adonay", aunque se pronuncia Char-donnay.
 
Qué, ¿ahora me creéis o no?

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