martes, 19 de noviembre de 2013

On 1:57:00 by MARÍA SERRALBA in ,    Sin comentarios
Hay una cuestión que de un tiempo a esta parte está siendo aceptada por todos y es, la integración de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral, y cuando digo "integración" y "nuevas tecnologías" me estoy refiriendo al uso, por no decir abuso, de dispositivos móviles, IPad, Ebooks, etc, que ahora están tan de moda, pero mejor os cuento lo que me ha pasado.
Pero antes, ¿qué os parece si vamos calentando motores con un ejemplo? Cuando asistes a la celebración de algún acontecimiento familiar, como podría ser una boda, comunión o bautizo, durante el desarrollo del oficio religioso era tal la sopor que te entraba entre rezo y sermón, sobre todo en pleno Agosto, que no pocas veces ves "pendular" la cabeza de algún feligrés de manera indecisa entre el hombro del que tiene sentado a su lado, o, del tuyo, o bien, lo ves casi rozando la madera del banco de delante diciendo sí a todo lo que el sacerdote dice, aunque con los ojos cerrados, pues bien, ahora, no tienes de qué preocuparte, si eso sucede, siempre está el que no ha tenido previsión de poner su móvil en modo silencio y de repente, cuando el sacerdote está en su momento estelar, es decir, alzando el cáliz o bien en silencio para recordar sus últimos pecados, desde doce bancos más al fondo te llega a todo volumen el politono de "la campanera", y ahí es cuando te das cuenta que, el cabeza pendulante, vuelve del abismo y empieza a prestar atención más atento que nunca y tú, te tienes que meter los puños en la boca para no atragantarte de la risa.
Pero el ejemplo de "integración tecnológica" que yo quería contaros es el siguiente, aunque antes mejor si os pongo en situación. Nueve de la mañana y con el tiempo justo, bajo con mi coche a toda prisa hacia el centro de mi ciudad; aparco en un parking público casi sin recordar el número de plaza donde lo he estacionado, menos mal que el llavero del coche acciona una lucecita, así que no tengo por qué preocuparme de momento. No tengo tiempo que perder a pesar de tener cita previa para llegar a la Comisaría y renovarme el D.N.I.; por cierto, eso de la cita previa por internet es una maravilla, recuerdo, hace muuuuchos años, que las colas llegaban hasta la esquina y para colmo, cuando te tocaba, resulta ser que te faltaba una foto y.... vuelta a empezar, menos mal que estaban y siguen estando los establecimientos de fotomatón que estratégicamente situados ante el edificio te sacaban de apuros, eso sí, previo pago de una foto que venía costándote tanto o más que el viaje en bus hasta allí, bueno, pero en vez de divagar, mejor será que me centre en la escena en cuestión.
 
Tras dar los buenos días a un pasamontañas de color marrón con dos ojos preciosos que estaba apostado en la puerta y que pertenecía a un poli, he entrado en el moderno edificio de la Comisaría Centro de Alicante. ¿Cuántos años hacía que no pasaba por allí? -me he preguntado ante la cantidad de cambios estructurales que he visto. Más que una comisaría parecía una área de espera de algún aeropuerto internacional, lo digo por la multitud de asientos en hilera. Un señor muy amable me ha ayudado a sacar un nuevo número para ser atendida; ahí es cuando me he preguntado a mi misma, ¿para que coooo.....nes me he gastado 4 euros en la llamada de la cita previa y otros tantos en el SMS que te envían al móvil dándote una clave, si cuando he llegado nadie me ha preguntado ni el código que me enviaron ni nada? En fin, con mi nuevo número pegado a los dedos tal cual haces cuando vas al carnicero, enseguida me ha tocado el turno, ¡menos mal!, aunque.... ahora es cuando empieza lo bueno.

La funcionaria entrada en años que me ha atendido, con más tablas que la Lola Flores en sus mejores giras, me ha dado los buenos días sin mirarme mientras extendía su ensortijada mano para coger de un plumazo mi fotografía. Cuando al final sus engafados ojos de montura de Carolina Herrera se han posado en mí, he podido comprobar que su semblante out side -me refiero a impasible, super maquillado y entorchado de peluquería y uñas de porcelana con manicura francesa- ha vuelto a la realidad y a su concentración, haciéndome estampar varias firmas en diversas cartulinas e iniciar un ritual parecido al maorí en temporada de Rugby, o eso creía yo al decirme que balanceara mis dedos índices sobre una pantalla intercalando con ello, el restregármelos por la frente y además, echarles vaho de mi propio aliento sobre las yemas antes de volverlos a balancear sobre la misma pantalla. Para ella todo ha sido como coser y cantar mientras, eso sí, sus ojos iban oscilando entre la pantalla de su ordenador, la del móvil táctil que tenía apoyado en el filo del teclado y que iba ascendiendo y descendiendo al ritmo de la locución silenciosa de sus labios que movía mientras leía los mensajes, pero... si eso fuera poco, durante la espera en que mi carnet salía impreso de una máquina, se ha tomado unos minutos de ausencia mental para poder seguir leyendo la novela que llevaba a medias en el Ebook, todo esto, sin cortarse ni un pelo y ante mi atónita mirada.
¡¡FLIPANTE!!, eso es ser competente y multifunción y lo demás son cuentos, lo dicho, cuando tenga trabajo quiero ser como esta Barbie funcionaria y si es posible, que también me dejen llevar la máquina de hacer churros, así, mientras hago los D.N.I., vendo unos cuantos churritos a la clientela y me saco un extra para los regalos de Navidad, ¿no os parece?

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