miércoles, 17 de julio de 2013

On 21:49:00 by MARÍA SERRALBA in , ,

Me han descubierto

Tras una noche de vivir la fiesta en plena calle, de nuevo nos hemos provisto de nuestros sombreritos para protegernos del sol, las botellas de agua para salvar los golpes de calor y caminando, hemos ido costereta pa camun, hasta llegar a nuestro próximo destino, aunque hay una cosa que no llego a comprender... ¿cómo sabían que yo había llegado al pueblo?... ¡ja, ja, ja!


Anduvimos por la zona del mercadillo local, subimos por calles donde sus escalones parecían no terminar nunca, e incluso, nos dejamos ayudar por las barandillas que en algunas calles, aparecen estratégicamente colocadas para que sus ciudadanos, supuestamente de edad avanzada, no, nosotras, tuviesen más fácil el ascenso, pero ni por esas, aquello no había forma humana de subirlo.
Los rincones pintorescos estaban por todas partes, incluso esta vivienda, que al principio creímos a pies juntillas que su propietario era algún descendiente de los almohades del castillo terminó siendo algo bien distinto cuando mi amiga Alex hizo la traducción literal del rótulo que indicaba sobre su puerta: "ALI BEN BUFAT" (Ali, bien borracho), lo cual le quitó todo el exotismo al asunto.

La cara del moro

Cuando ya íbamos a tirar la toalla nos encontramos con esto, la silueta del perfil del moro marcada en una de las laderas del castillo-fortaleza de la época almohade de los siglos XII y XIII, así que nuestras energías se intensificaron y seguimos el ascenso. 






 La fortaleza se conserva en perfectas condiciones, con acceso hasta su torre del homenaje donde puede visitarse el Museo Festero.
  
De bajada, nos hemos hecho fotos con Sant Jordí venciendo al dragón, una preciosa escultura en bronce que impresiona por su tamaño pero también por su detallada elaboración.
Y de punta a punta del pueblo, sorteando sus calles estrechas y empinadas, nos vamos al otro extremo.

Bonita panorámica desde el castillo de la Iglesia de Santa María y la Ermita del Sant Cristi



En nuestro ascenso nos encontramos con la ERMITA DE LA MALENA, de estilo gótico rural, un pequeño recinto plagado de bancos y porta velas, donde nos aguardaba una grata sorpresa, María Magdalena y su gruta escavada en la roca. 


Y veis este edificio blanco, el que aparece al fondo de la panorámica superior, pues bien, es la Ermita de Sant Cristi y se accede a ella por una pendiente en forma de serpiente bordeada de cipreses, que cuenta con pequeñas capillas a sus laterales, el Vía Crucis, donde en festividades de Semana Santa, los lugareños creyentes suelen realizar la procesión del silencio, un acto que dicen que resulta sumamente emotivo. Desde allí, las vistas de Banyeres son espectaculares.










  
De bajada de Sant Cristi nos vimos nuevamente en la Plaza Mayor, y decidimos que ya era hora de visitar la Iglesia de Santa María de estilo barroco-bizantino del s. XVIII.
Capilla de Sant Jordi
Trono procesional del Santísimo
Aunque insistimos a su sacristán para que nos mostrara la cúpula desde su campanario, no tuvimos éxito, así que nos conformamos con hacer nuestro recorrido  particular por su interior. Conocimos a una religiosa de Perú destinada a aquel lugar y descubrimos alguna de sus más preciadas piezas de orfebrería.


Pero nuestra sorpresa fue mayor cuando, en la capilla del Santísimo, nos encontramos con este techo decorado. Nos quedamos con la boca abierta. Su forma abovedada me era muy familiar, con su característico color azul azulete y sus múltiples estrellas doradas... ¿en qué otro lugar había visto aquella misma decoración?

Y os preguntaréis como continuó nuestro recorrido turístico, pues seguid leyendo y lo sabréis. 

 TO BE CONTINUED...