martes, 18 de junio de 2013

On 23:09:00 by MARÍA SERRALBA in , ,    Sin comentarios
Cada día me sorprende más, con qué facilidad las mujeres de hoy en día nos adaptamos a las nuevas tecnologías, dejando relegadas al olvido tareas muy dignas que antaño, nuestras madres, abuelas, e incluso, nosotras mismas, realizábamos en el hogar, como por ejemplo, el hacer la fregaza de la vajilla y la cristalería. Que... ¿porqué he sacado este tema a relucir?, pues muy simple, por que llevo dos días con el lavavajillas estropeado y me da la sensación, como si de repente se hubiese paralizado el mundo.
¡Pero bueno, habrase visto semejante desfachatez por mi parte!
Como un flash, ha venido a mi mente imágenes entrañables de un pasado no tan lejano, cuando ayudaba a mi madre con la colada, ya que no teníamos lavadora, y estrujábamos con los puños la ropa para extraer de ella el exceso de agua, ahora llamado "centrifugado"; o con mi abuela, en la limpieza de la vajilla cuando nos invitaba a toda la familia a comer el Día de Navidad, y os puedo asegurar que a ninguna de ellas se le caía ningún anillo al realizar dichas tareas, ¿por qué?, pues por que las hacían con AMOR. Ahora, sin embargo, cuando tenemos tres platos y dos vasos, ya estamos poniendo a toda prisa el lavavajillas en marcha para que no se nos acumule el trabajo...
Pero... ¿a dónde hemos ido a parar?
"Menos Blackberrys, tablets y manicuras francesas, y más, arrimar el hombro", diría mi padre, y tiene toda la razón; las mujeres de hoy en día estamos perdiendo la esencia de nuestros orígenes, de las charlas mientras remendábamos los calcetines de los maridos y los hijos; o compartíamos las recetas con las vecinas, ahora, internet y otros artilugios de última generación nos han hechos "divinas", casi como "reinas", aunque en el pack no venía incluido ningún reino.
Perdonad, pero creo que me he dejado llevar por la nostalgia del olor de lavanda en la ropa de armarios pulcramente ordenados, y de anécdotas de otros tiempos que nos hacían la vida, casi, de color de rosa. Ahora, si me disculpáis, me voy corriendo a ver si consigo que alguien me repare el maldito lavavajillas, o estoy perdida... ¡ja, ja, ja!

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