sábado, 6 de abril de 2013

On 18:15:00 by MARÍA SERRALBA in    2 comentarios
No, amigos, no me he confundido, efectivamente pone "el" primavera y, es que hay muchos hombres que caen incautos ante las garras de las mujeres bellas y ladinas, sin ir muy lejos tenemos una muestra de ello en nuestro renombrado Don Quijote y su Dulcinea, esta última, una muchacha de posada que, a los ojos del hidalgo caballero, asemejaba a una princesa, pues bien, aquí os dejo una breve escena que, bien podría ser uno de esos pasajes del caballero de la triste figura y su bella damisela.


DONCELLA                     EL PRIMAVERA
¿Por qué he de esperar a ser flor, mi apuesto y bello galán, si sabes que estoy genial para calmar hoy tu ardor?

Me dijiste sonrojada con la falda arremangada esperando mi respuesta. Pobre niña desvalida, inocente y puritana. Debería estar prohibido, el dejar que estas muchas se escapasen tan tempranas de los hospicios divinos.
Yo sabía que te amaba, pero no encontré el valor de decírtelo a la cara; las muchachas como tú de dudosa procedencia, eran piezas suculentas para un hombre como yo, pero, yo, quise algo más que me hiciese suspirar al oler las margaritas, o, las lavandas en flor, o, al correr y retozar por un jardín de mimosas, o, al coger un tulipán, o, incluso, una petunia e inhalar su dulce olor.

¿Por qué no he de ser tuya hoy?, mi apuesto y bello Don Juan.

Me volviste a insistir, desplazando con tus dedos las briznas de hierba fresca, que tu mirada altanera observaba en torno a mí.
Tu arrebato de pasión me dejó anonadado, no en vano, me hice el despistado, y tomándote del brazo te llevé, cauto y celoso, por la vereda del bosque hasta llegar al arroyo.

¿Es que acaso no me amas? Mi príncipe de las delicias, mi sultán, mi ángel guardián, que tan solo me regalas bombones y empanadillas? Y brillantes y sortijas, ¿a caso no hay en tu pueblo, que vengan bien a mi dedo? Eso..., me llenaría de dicha.

Me volviste a insistir con tu cara cenicienta reflejada en el tapiz de unas flores que, aunque abiertas, ofrecían sus colores a mis pupilas sedientas.

Oye, no sé lo que pasa –dijiste sin titubeos-. Si no es eso, ¿qué sucede?, ¿acaso crees que mi aspecto de muchacha virginal puede ser impedimento para gozar del momento o bien, recibir el parné por el tiempo que dejé de ganar, hoy, el sustento atendiendo a tus caprichos?

No es eso, mi bella dama –le respondí boquiabierto-, pero creo que tus ansias son propias de las doncellas que, al llegar la primavera, su sangre sienten hervir, por no decir sus portentos. Yo te amo y te respeto, y por tanto esperaré a que, llegado el momento, pueda consultar si existen, uno o dos impedimentos, para pedirle a tu padre, o, al mismo carcelero, tu mano ante el altar y así, ser, yo, el primero.

Deja ya de tanto cuento, y hazme tuya, mi señor, ¿el primero?, ¡Santo Dios!, eso, ya, ni lo recuerdo. Al fin tendrán la razón los que dicen por ahí, que eres un primavera y, que crees tu propia historia, la del viejo solterón en busca de una doncella que le prometa su amor. Yo no soy esa doncella, así que dame el dinero de las tres horas de hoy, que tengo que regresar a la fonda del patrón y anda pues con viento fresto.

©María Serralba

2 comentarios:

  1. Hay hombres que son "lindos primaveras"
    y hay mujeres que son bellos genios,
    yo con los "primaveras" no congenio
    pero tú María, eres un genio de primera.

    Con admiración; JUSTO SORIANO

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  2. Jajaja, que ocurrente eres siempre y que cumplido, gracias por tus lisonjas, amigo, sabía que dejarías tu impronta. Saludos.

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