viernes, 16 de diciembre de 2011

On 15:00:00 by MARÍA SERRALBA in , ,    Sin comentarios
Un buen día, rebuscando entre mis poemas de juventud, me encontré este curioso relato que le enviaba a un buen amigo cuando pasado un tiempo, no tuve noticias de él.

De todas formas, hemos valorado su fidelidad hasta el día de la fecha y le hemos hecho merecedor de nuestro premio Galardón de Oro, que consiste en un último envío, por supuesto, los portes correrán por cuenta de la casa.

Por la presente siento comunicarle, que hasta encontrar a un cliente dispuesto como Vd. a llenar nuestros exquisitos tarros de palabras, la trastienda permanecerá cerrada.

Encontramos correcta su decisión de que, a partir de ahora, no requiera de nuestras exquisiteces, aunque a su vez lo lamentamos, ya que hace escasamente una semana recibimos una nueva partida que estamos seguros iba a ser de su agrado. 

Este preciado artículo lo encontramos en el interior de una de las innumerables vasijas de melaza que solemos descargar en nuestros almacenes a diario, de cuyo contenido, tan solo llevan ávida cuenta los roedores que nos invaden "la trastienda" en horas nocturnas. Nos hemos tomado cierto atrevimiento en remover un poco su envoltorio e intentar atisbar a duras penas su contenido, ya que sabemos que, como buen entendido y conservador de las antigüedades más valiosas, una vez en su poder quedará recluida de la luz del día hasta llegado el momento en que Vd. considere oportuno desvelar su significado, no obstante le adelantamos que en su inscripción de la parte exterior, aparece con letras todavía legible, un códice de honor escrito en latín: “QUID PRO QUO”.

Le reiteramos nuestras escusas por el atrevimiento de haber abierto tan preciado envío, pero era tal nuestra curiosidad, que no hemos podido resistirnos a la tentación, rogamos nos disculpe nuevamente y sin más, pasamos a redactar lo que expone el pergamino que contiene en su interior: 

<Dícese que en los tiempos donde Alejandría era cuna de civilizaciones y cultura, un pequeño velero zarpó agazapado entre la niebla, la que solo se vislumbra a la par de los primeros rayos del amanecer, encaminándose a tierras lejanas. Durante el trayecto de cien noches y cien días, un joven grumete iba tomando buena nota de todo lo que sus oídos escuchaban, ya que por ser casi ciego de nacimiento, el don de la vista le había sido nublado.

Menospreciado por los demás componentes de la tripulación, se mantenía casi entre tinieblas en la mayor parte del tiempo que duró aquel viaje, tan solo se hacía acompañar de un cuaderno y de un pequeño lápiz con punta roma que hacía las veces de puntero...>.




"Hermoso sol de mañana, sé que estás amaneciendo, que ¿cómo lo sé?, por que desde mi triste abrigo de nacimiento, siento que el vello de mi cuerpo ahora cubierto de rocío, va secando su apariencia y tiñéndome de pequeños fragmentos cristalinos de mi propio sudor.

Hoy he embarcado de nuevo en este navío mugriento, a penas con lo puesto, eso sí, conservo junto a mi corazón la medalla que me diste, mi lucero, tú, madre, que me llenaste de niño con tus colores todo un negro firmamento y ahora es cuando intento entre los sonidos del viento, ver como tu inmensa dulzura brota de entre las olas como delfines sedientos. 

Te siento cercana madre, y no sé cómo ponerlo en esta libreta raída que entrelaza mi pensamiento con mi existir de agonía. Y te llevo muy adentro, como la sal que cada día penetra en mi cuerpo por los poros de una piel joven pero sin dueño. ¿Serás tú hoy mi lucero? 

El resonar de un trueno, o el destello de un rayo es para mí un nuevo cielo. Mis compañeros preguntan el porqué de mi contento, pero... ¿quién puede explicarles que aunque vivo de recuerdos, los revivo cada día contigo, como timón y como remo? 

Dicen que soy como el mar, profundo y lleno de quiebros; si el querer verte es pecado, pues ¡que se hunda el velero! 

Sé que me oyen llorar, apenas 15 años tengo, pero siento como si mi alma se rompiera en cada quiebro. 

¡Madre! ¿Dónde está usted ahora? Embarqué en este velero creyendo que usted sabría que zarpaba a otros mundos, y que usted me buscaría por el país de los hielos, sin embargo, hace años que sigo solo, triste y salado de cuerpo entero, sin esperanza, sin puerto donde amarrar este sueño. 

¿Recuerda madre ese día que aquel rancio marinero le susurró a mis espaldas un silbido y un “lo quiero”? Yo supuse que sus labios no responderían a ello, sin embargo, a las dos horas, me vi envuelto en todo esto: el marino me cogía, usted, me empujó hacia dentro, y en lo que tardó la luna en cruzar aquel sendero, a cambio de unas monedas fui expuesto a sus juegos. "Quid pro quo”, él le dijo, sonriendo altanero, cuando al fin le devolvió a su hijo aun maltrecho. Usted bajó la mirada y sin dar vuelta a su cuerpo, me abandonaba a mi suerte con el pudor medio ciego. 

Cuando alguien me pregunta si a mi madre la recuerdo, tan solo les digo a todos que, a usted, la lloro por dentro, que recuerdo su espalda y sus ojos que en un tiempo me hacían ver este mundo de colores y de sueños, ahora de aquellos tiempos tan solo queda el cuaderno y un lápiz con punta rota, mis únicos compañeros">.

©María Serralba

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LEITMOTIV DE MARÍA SERRALBA

«La fuerza inagotable que anida en mi interior, es la fuente de la que se nutre mi perseverancia por ver hecho realidad mi único deseo». ©María Serralba

CITAS CÉLEBRES
«Cuando la mente y el cuerpo están en perfecta sintonía, el ser humano es capaz de todo, y cuando esto no es así entonces... se puede esperar cualquier cosa de él» A la sombra de tu piel ©María Serralba
«En un mundo donde todo es sentimiento el sexo que tenga este carecerá de importancia». El Dios del faro ©María Serralba
«Todo el que se ensalza será humillado y el que se humille será ensalzado...» La estrella púrpura ©María Serralba
«Si la inspiración no viene a mí salgo a su encuentro a mitad del camino». ©Sigmud Freud
«Sin los escritores, aun los actos más laudables son de un día» ©José Augusto Trinidad Martínez (Azorín)
«Un autor de historias fingidas escribe el libro que quiere leer y que no encuentra en ninguna parte» ©Augusto Roa Bastos
«Existe una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad o la energía atómica y es, la voluntad» © Albert Einstein