viernes, 12 de septiembre de 2014
On septiembre 12, 2014 by María Serralba in Historias urbanas, InfoBlog, Ventana Cultural Sin comentarios
Prevenida de la jornada que me esperaba, cargué las pilas tanto de mi cámara, como de mi móvil, y, sobre todo, de mi persona, y pasando de convencionalismos, me calcé mis super deportivas y me predispuse a iniciar la nueva etapa del día que era a los monasterios de San Millán de la Cogolla. Pero, ¿qué parte de todo ello debo omitir, y cuál trasladaros, si toda ella fue una experiencia maravillosa?, sino, juzgad vosotros mismos.
Una recomendación: si decidís ir de visita, primero sacad las entradas para visitar el de Yuso y luego, el pase para el autobús que sube al de Suso, así no perderéis el tiempo ni tendréis que guardar excesivas cola. Aunque no está en el recorrido del Camino de Santiago, es fácil que encontréis a algún que otro peregrinos que cargados de sus enormes mochilas y, apoyados por sus bastones, se pasen por allí para luego, retomar la ruta jacobea.
Al llegar temprano a la ubicación que muy amablemente me había indicado la persona que me atendió de Información y Turismo, no tuve problema alguno, y me dio tiempo suficiente para pasear por los alrededores antes de iniciar las visitas guiadas. Una escultura de hierro simulando un pergamino y una pluma, te indicaban mediante una inscripción, que estabas en la tierra donde se remontaba los orígenes de la lengua castellana.
El toque continuo de un claxon, nos anunció que ya había llegado nuestro transporte. Pocas plazas, apretados, y con una subida en zig-zag, fue el breve pero intenso recorrido que realizó nuestro minibús hasta la ladera de una colina cercana, allí se encontraba ubicado el Monasterio de Suso.
A estas formas rocosas que parecen cogollos, es a lo que debe su nombre San Millán de la Cogolla.
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