El poder y el temor que ejercía sobre el hemisferio todo lo relacionado con el Imperio Romano no fue suficiente para frenar las ansias de aventura de una sola mujer: Flavia Julia Helena. Contradiciendo los dictámenes de su hijo, el omnisciente César Flavio Constantino I, y aprovechando las ventajas que le otorgaba su privilegiada posición como embajadora del Emperador, la Emperatriz se internará en los inexorables territorios de una Iberia salvaje y con marcadas creencias ancestrales.
El multitudinario séquito del que se hace acompañar incluirá a Miriam, su abnegada sierva cristiana, y a Marcellus, un joven e inexperto soldado que, ajeno a sus orígenes, hará que sus futuras acciones influyan en el resto de personajes de esta historia; vivir un periplo de aventuras, incertidumbre y descubrimientos, tanto místicos como erráticos, entre los que tendrá que salvaguardar celosamente y en secreto unos valiosos objetos procedentes de una concesión imperial, formará parte de esta andadura.



