domingo, 15 de enero de 2012

On enero 15, 2012 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios

Sinuoso, cual camino que zigzaguea entre piedras, te encontraste hoy conmigo, parando de un solo tino el reloj de mi existencia.
Tus anillos de Saturno envolvieron con su arena la silueta temblorosa que, sabiéndose tu presa, se arrodillaba ante ti, implorando tu clemencia.
— ¿Por qué me creas tormento? -Te susurré en la penumbra, escuchando sin cesar como tu leve tic tac no cesaba de cambiar los minutos por las horas.
Creyendo verte dudar al transmitir tu respuesta, me permití respirar y alzando bien la cabeza ya te pude contemplar. Lo que vi me sorprendió: en tu rostro de muñeca, tu desdicha y mi condena caminaban de la par como cuerpos de sirenas.
“No rechaces tu destino”, te advertí en un susurro, al tiempo que nubes negras teñían tu suave mundo.
De la noche a la mañana decidiste por los dos, sabiendo que en un segundo, el filo de la guadaña se movería certero hasta alcanzar mi silueta que seguía allí creciendo.
Con las rodillas hincadas en el rudo y frio suelo, te encomendaste a los santos que aparecían expuestos en un viejo pedestal de la iglesia de tu pueblo.
Tu voz, aun aniñada, se elevó hasta los cielos aclamando que, el pecado, se esfumara cual incienso y que aquella agonía pasará sin tu saberlo.
El silencio se rompió con los llantos de sosiego que empezaron a emanar de tus ojos lastimeros. Tu cuerpo, estremecido al notar mis movimientos, me permitió deslizarme hasta encajar en el hueco donde vería la luz sobre aquel bendito suelo.
La vida había ganado de nuevo su limpio juego, despejando tus temores de verte sola ante aquello.
"Un hijo es un milagro - se oyó decir desde el cielo-, y si Dios te ha escogido y tu dijiste sí a ello, sea pues el mismo Dios quien vele hoy de tus sueños, que tú su madre lo harás, con el alma, con el cuerpo y el aire de tus pulmones que te sustenta el aliento".
María Serralba

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