domingo, 15 de enero de 2012
On enero 15, 2012 by MARÍA SERRALBA in LA TRASTIENDA Sin comentarios
Querida Rosalín, amada mía, con pesar y con desgarro hoy te escribo tras la suave celosía que me ofrece mi velo de novia.
Dicen, que me ven bella, que el tocado de mi pelo favorece la pálida apariencia de mi rostro, pero mis ojos, almas gemelas de los tuyos, ya no están vivos.
Dicen, que me ven bella, que el tocado de mi pelo favorece la pálida apariencia de mi rostro, pero mis ojos, almas gemelas de los tuyos, ya no están vivos.
He pasado todo el día de visitas, pleitesías y otros agasajos que requiere una joven y feliz desposada como yo, pero nadie excepto tú, sabe que trago en silencio esta agonía, que la máscara que envuelve hoy mi dicha es realmente lo que ellos quieren ver.
¿Por qué no he de ser tuya?, vida mía.
El nervioso jugueteo de mis dedos retorciendo los bordados de seda y el encaje del vestido, ya no me proporciona consuelo, sino más bien un grave desatino que temo que muy a mi pesar, de un momento a otro haga que caiga de bruces sin sentido.
Ya se escuchan los primero acordes de mi marcha, y dos toques en la puerta, del padrino -mi padre-, me indican que ya está todo listo; mi futuro marido ha ganado en una misma jugada mi fortuna y a mis padres, sus cartas, falsas lisonjas de amor hacia su hija e imaginarias posesiones.
¿Por qué no he de ser tuya?, amada mía.
El temor me estrangula la garganta bajo el collar de perlas que la envuelve, hace que mi pulso se acelere al coger con la mano el bello ramo.
¿Por qué no he de ser tuya?, amada mía.
El temor me estrangula la garganta bajo el collar de perlas que la envuelve, hace que mi pulso se acelere al coger con la mano el bello ramo.
Una última mirada a mi cuarto, donde dejo los despojos de una niña, me hacen acordarme de tu encargo: el lanzar por mi ventana, amada mía, una rosa amarilla de mi ramo.
Llegaré hasta el altar con paso suave, luciendo el candor en mi mirada y en el rostro, la pasión de adolescente de una joven e inocente desposada, aunque el cuerpo de mujer que hoy se mece bajo este corpiño con enaguas, prometa serte fiel hasta la muerte, mi querida Rosalín, mi bien, mi amada.
©María Serralba
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