martes, 29 de abril de 2014
Esta misma mañana me he encontrado por casualidad con una antigua compañera de clase, de las que compartía conmigo aquellos tiempos inocentes en los que todavía lucíamos coletas y uniforme. Andaba por la acera opuesta a la mía y no me a visto, y, quitando una decena de quilos de más, unas cuantas arrugas y patas de gallo, y un pelo entre canoso y teñido con mechas, era la misma que anidaba en mi recuerdo. Mientras la observaba lo primero que me ha venido a la mente ha sido su nombre de pila, ¡es Nieves!, me he dicho toda convencida, pero... Nieves ¿qué más?
A lo largo de la vida hay momentos para todo, pero también hay memoria para todo, en el caso de Nieves, pertenecía a una época de mi vida dónde lo único que nos fijábamos era que si a la compañera de clase que iba delante de ti por orden de apellido, la llamaba la señorita a salir a la pizarra, tú, que ibas justo detrás de ella te librabas por los pelos de salir, quizás por ello se me quedó tan grabado aquel nombre, porque la pobre Nieves, salía más a la pizarra que el NO-DO en los cines antiguos y yo, siempre me salvaba.
Desde este ciber espacio quiero dar las gracias a Nieves por ser tan buena compañera, por ser tan lista, y sobre todo, por tener un apellido con letras que por orden alfabético, fueran delante del mío...jajaja.
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