martes, 6 de noviembre de 2012

On noviembre 06, 2012 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios
Un hombre cada mañana se pasea en soledad,
contando las mariposas, o leyendo el “Semanal”.
Hace un año que su hija allí solo le dejó,
con promesas de futuro, pero nunca las cumplió,
“Papá, aquí estarás bien”, le dijo de corazón.

Hoy es día de visita, todos parecen notar
en pasillos, en cocinas, y en la sala de billar.
Inquietos, ven a familias de unos y otros llegar
en los fines de semana como cosa habitual,
para hablar con los amigos, compañeros de Pascual.

Con mirada cautelosa, en la puerta principal,
Pascual ve pasar las horas, ¿Quien le irá hoy a buscar?
La luna salió de nuevo y el cielo lo iluminó,
“Mañana será otro día, ¿de nuevo se le olvidó?”.

Resignado vuelve a dentro y enciende el televisor,
pero todas las noticias le causan gran estupor.
De nuevo llega el domingo, un día sin emoción,
"¡Pascual!, hoy tiene visita" -la enfermera le anunció.

Creyendo que era su hija, Pascual lloró de emoción,
pero en la sala de espera a ella no la encontró,
en su lugar, había un niño sentadito en un sillón.

Y tu, ¿de dónde has salido?, y tu madre, ¿dónde está?,
¿es que a caso no ha venido?, o, ¿será que te has pedido?
aquí, no está permitido que un niño venga a jugar,
deberías de advertirle cuando te vuelva a buscar.

¡Hola!, yo soy Alejandro y tú, ¿mi abuelo?, o, no,
eso fue lo que me dijo la chica de Recepción.
Con gracioso desparpajo el niño le interrogó,
aunque no le conocía, de hecho, nunca le vio.

Mi madre no está conmigo, pero al ser mi cumpleaños,
UNA PROMESA INESPERADA de María Serralba
II Certamen Poético Numen Comunidad Valenciana 2012

le pedí que me trajera a conocer a mi yayo.
Ella solo me contó que vivías apartado por cuestiones de salud,
y que el día que nací, rompisteis la relación.

Sin ver remedio al entuerto, Pascual al fin aceptó,
quedarse de centinela de ese niño preguntón,
llevándolo a la terraza, juntos, tomaron el sol,
y cogieron mariposas y jugando al dominó
Pascual volvió a sonreír y le dio gracias a Dios.

Al cabo de cuatro horas al fin la madre acudió,
“Hola, padre, ¿cómo está?" –le dijo sin emoción.
Recogiendo la mochila, al pequeño se llevó,
pero éste, de repente, a su abuelo le grito:

“¡Abuelo!, volvemos mañana, y no me digas que no”.

©María Serralba

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