viernes, 14 de septiembre de 2012
On septiembre 14, 2012 by MARÍA SERRALBA in LA TRASTIENDA Sin comentarios
| Dedicada a mi hijo el día de su 21º anivesario |
para llevar con candor, el fruto de una pasión,
y lo unta de perfumes, y de cremas y atavíos propios de su situación,
para lucirlo orgullosa a pesar del cruel invierno, o bien, del fuerte calor.
Una madre es la que deja que desgarren sus entrañas,
en tal de que no perezcas,
y que la llenen de marcas, y que le cosan el alma, si es preciso,
en tal de ver a su hijo que sale bien de la hazaña.
Una madre es la que enseña un lenguaje sin palabras,
que se basa en el amor,
y te quiere sin dobleces, y te acuna con candor,
cantándote bellas notas que salen del corazón,
Una madre es como un Dios, a la cual se le venera,
y se le tiene respeto,
y a pesar de tus acciones, de tus gestos, y tus ceños,
ella espera tu llegada, siempre, con brazos abiertos.
Una madre es la que espera que le pagues con un beso,
los años que ha dedicado a cuidarte con esmero,
y cuando acudes a ella con temor, por un desvelo,
deja atrás sus mil tareas y te mira al entrecejo,
y acariciando tu pelo, se abraza a ti hasta los huesos,
y hace que tú te sientas la reina del Universo.
Una madre es la que entiende que al hacerse uno mayor,
con familia y sustento que tú mismo te consigas,
ella pasará al recuerdo,
primero está la mujer, el esposo, o los pequeños,
pero ella, esperará paciente, las migajas de aquel beso
que le dabas de pequeño cuando te leía un cuento.
Cuando una madre se va, uno se queda sin fueros,
sin estrellas de cristal donde fijar su visión,
o cuentos que recordar de una infancia de ilusión,
donde todo era amor, esperanza y anhelos,
Cuando una madre se va, uno se queda… sin un suelo que pisar,
ni un Dios a quien llorar implorando su consuelo,
una madre es como un Dios que siempre, ama en silencio.
©María Serralba
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