lunes, 2 de julio de 2012
On julio 02, 2012 by MARÍA SERRALBA in LA TRASTIENDA Sin comentarios
sosteniendo tu templanza en la corva de la luna,
—Bueno.., ¿y qué?
Me respondiste ofendida, sin ofrecer la mirada, taciturna, enfurruñada,
cual estrella que convive en la penumbra de una vida,
de un sentir que no es el tuyo, de un diapasón que no vibra,
que no le deja respiro ni al leve llanto del niño, ni al candor de una sonrisa,
pero yo insistí, a sabiendas que mis preguntas oías,
y tú, con ojos velados respondiste muy altiva con voz trémula e insegura,
—Bueno.., ¿y qué?
y dejé correr el tiempo, los minutos y mi vida esperando que algún día te dignaras a bajar de tu columpio,
y miraras mis pupilas anhelando ver tus ojos de estrellas embravecidas,
y giraste la cabeza y en un tris, con tu melena me cubriste las espaldas,
y tus alas me tumbaron a tu lado y me dijeron con suaves aleteos: “descansa, que yo velaré por ti”,
y me dormí sin temores y por fin, pude soñar que mi espíritu volaba,
y mi dicha fue completa al saber que tu, también amabas como yo, la dulce noche.
©María Serralba
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