martes, 7 de febrero de 2012

On febrero 07, 2012 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios
Para los que sóis asiduos viajeros de mi tren cultura tan solo deciros, que me acompañéis a un nuevo destino, para los que acabáis de descubrir nuestra línea de BOOK TOWNS, invitaros a que no os perdáis la siguiente parada MONTEREGGIO (Italia).


MONTEREGGIO (Italia)

En este pueblo de la comunidad de Mulazzo, ubicado en la cima de una colina en la parte alta del río Mangiola, encontramos una dedicación plena hacia la difusión y culto a los libros que perdura a través del tiempo.






Desde el año 2004 este bello pueblo está incluido en la IOB (International Organisation of Book Town), y desde entonces no ha cesado de realizar eventos culturales y muy especialmente, los relacionados con el mundo editorial.

En la actualidad entre sus 50 viviendas de piedra grisácea y pertérrita, existen varias dedicadas a la tarea de encuadernación, lo cual no quita para ofrecer a la venta, eso sí de forma un tanto peculiar, sus ediciones locales.
(Texto de la inscripción: Poner el dinero dentro del buzón correspondiente al precio del libro que escojas)

Cuenta la leyenda -la cual no es tan leyenda-, que en este pequeño pueblo de la región de Lunigiana, la labor de un solo hombre hizo escuela. Los lugareños, más aficionados a engrandecer su patrimonio, dirían que todo viene de los tiempos de Gutenberg en el s. XV.


Érase una vez... un soleado día de verano de 1471, cuando Jacobo da Fivizzano comenzaría a imprimir en la ciudad de Fivizzano, pero en 1493, Sebastiano da Pontremoli se trasladaría a Milán para aprender las labores de impresión. Cuando volvió a Montereggio fundó la primera librería. A éste le seguirían otros, incluso algunos de ellos analfabetos, hasta que en el s. XVI, el desplazarse a Pontremoli para la venta de libros, los cuales solían portarlos en cestas de mimbre, ya era camino habitual entre los aldeanos de Montereggio. Poco a poco fueron llegando más y más lejos hasta sobrepasar el norte de Italia y llegar hasta Alemania.

A raiz de la crisis del comercio de la seda en el norte y de las penurias que ello trajo, el comercio de venta de libros en Montereggio se fue ampliando cada día más hasta bien entrado el s.XIX. Los vendedores de cuchillos y afiladores, sustituyeron sus herramientas por libros, cubriendo los mismos caminos que hacían con los anteriores artilugios pero en este caso con palabras. El éxito fue rotundo, ya que en muchas de las aldeas a donde llegaban portando su preciada mercancía, nunca habían visto un libro.

Iglesia de San Apolinario y monumento al librero
La labor de aquellos hombres, poco ha poco fue formando una corriente de libreros y personas  hasta llegar a nuestros días, convirtiendo a Montereggio en una de las pocas localidades, por no decir la única, que alberga en una de sus plazuelas un monumentos precisamente en honor al LIBRERO.

El Premio Bancarella se otrogó por primera vez en 1952 y fue precisamente a este pintoresco pueblo.

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