viernes, 6 de enero de 2012
On enero 06, 2012 by MARÍA SERRALBA in LA TRASTIENDA Sin comentarios
Permitidme amigos que para iniciar con buen pie el año, os invite a leer una de mis pequeñas joyas de "LA TRASTIENDA", la cual atesoraba para momento como estos, donde la imaginación se niega a hacer su aparición y tan solo queda rebuscar en el baúl de los recuerdos. Leyéndola, me hace revivir aquellos instantes donde la pluma y la mente iban de la mano impulsadas por los sentimientos, unos sentimientos ajenos y bellos que me inspiraron a crear un mundo mágico y etéreo entre mi genio de la fantasía y yo.
<Querido genio imaginario, siento lo mismo que tú, cuando dices que ese pequeño mundo donde ambos nos envolvimos con rimas y prosas siempre sería nuestro. Lo cierto es que nunca imaginé que pudiera existir nada igual hasta que pasé a su interior y tras mover algunos libros te descubrí allí, tal como eras, incluso me aventuraría a decir, que te ayude en cierta medida a que tú también te descubrieras a ti mismo, muy a mi pesar, ya que ese hecho fue lo que aceleró tu partida.
Desde ese día, me conformé en deambular entre los anaqueles de las estanterías, rebuscando aquí y allá algo a lo que aferrarte para que no te desvanecieras de mi memoria, pero mis temores y mis dudas me traicionaron en el intento, logrando tan solo conservar tu etérea imagen en mis pensamientos por unos instantes, los mismos que iban tiñendo de lágrimas la letra pulcra y clara que trazaba mi pluma y que terminó por convertirlo todo en espesa bruma al cerrar tras de ti la puerta de nuestra trastienda por última vez.
¿Qué locura había hecho? -me pregunté una y mil veces al recordar, cuando ignorante, no quise escuchar tus consejos. ¿Por qué no dejé todo de lado y di el paso al vacio? ¿Indecisión?, ¿miedo a lo desconocido?
El transcurrir del tiempo ha respondido por nosotros a todas esas preguntas y a ese gran enigma que en tantas ocasiones nos habíamos planteado en silencio: ¿habría llegado a convertirse nuestra historia en una gran historia?
Al fin, yo sí encontré respuestas a mis preguntas, quedando atrapadas entre los libros que día tras día y a pesar del tiempo trascurrido, tú me habías ido deslizando por la rendija de la desvencijada puerta de mi buhardilla, con una anotación que decía: "estos son mis favoritos". De tu paradero, nunca más supe, ya que los años de silencio que nos separaron me cubrieron por entero de guirnaldas de pesares y desdichas, de noches de lunas viudas de un sol que ya no brillaba en mi ventana y de mustias campanillas que afloraban a doquier en mi jardín, pero al igual que las páginas de un libro que han de ser pasadas de derecha a izquierda para desvelar su trama, la vida siguió su camino para esclarecer nuestros destinos.
Una vez las cosas en su sitio -como tú bien me dijiste-, aunque para mí nunca llegaron a variar de lugar, marqué el punto y seguido de mi existencia y te dije: "te echo mucho de menos", no al genio ni al duende, ni al ser que con su mente había dado sentido a mi Universo, sino a las explosiones de ideas de nuestros retos literarios, a los matices de colores en los renglones torcidos de nuestra imaginación y a los susurros que envolvían las palabras de cada uno de nuestros versos en el eco adormecido de aquellos momentos.
Querido genio, ha pasado mucho tiempo desde aquello y ahora quizás ya no necesite de tu ingenio para crear un soneto, pero quiero que sepas, que aún te sigo queriendo>.
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