sábado, 21 de enero de 2012

On enero 21, 2012 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios
Es una triste realidad que más de uno tenemos en nuestras casas. El antídoto: mucho amor y paciencia.

 
Hoy me ha llamado mi padre para contarme otro sueño.

     Anoche de madruga recostado ya en mi lecho, noté como una luz me cegaba por entero.

    Me levanté de la cama a tientas y con recelo, me enfundé mis zapatillas: pie derecho y pie izquierdo.

    Con las manos temblorosas fui tanteando mi cerco, comprobando satisfecho que todo estaba en su puesto.

   Una luz en mi cerebro, blanquecina y sin preveerlo, me volvió a deslumbrar haciéndome caer al suelo.

"¿Cree que estoy loco?, doctora" -le dijo sin titubeos a la joven que escuchaba paciente junto a su lecho.

De repente, mis entrañas se me estrujaron por dentro. ¡Mi padre no me veía! ¿Se habría quedado ciego? Pero…, y mi voz, y el perfume que desprendía mi cuerpo, ¿tampoco lo conocía?

¿Qué es lo que está sucediendo?, me pregunté sollozando, comprobando sin creerlo que mi padre aun creía que, tan solo en su recuerdo, le contaba a su hija lo que había visto en sueños. 
María Serralba

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