jueves, 5 de enero de 2012

On enero 05, 2012 by MARÍA SERRALBA in    Sin comentarios
Todavía recuerdo cual aventura, cuando junto a dos magos seguí la duna entre arenas doradas y sol ardiente, mi camello dormía soñando fuentes.

Anduvimos mil días y mil mañanas zozobrando entre estrellas que nos miraban,
preguntando a los vientos,¿dónde está el niño?, pero no hubo respuesta a nuestros gritos.
Durante todo ese tiempo y sin tardanza, una mula cansada tumbaba panza en un viejo pesebre desvencijado, donde una doncella y bien amado escondían el fruto ya madurado.

Cuando el manto del cielo todo cubría, una estela de luces cruzó la Vïa y sus blancos destellos sin fin lucía como crin de corceles de fantasía.

Tras la bella señal, nuestros ojos al cielo se alzaron pasmados a tal revuelo, esperando encontrar algo divino que aclarase al Mundo lo sucedido.

Y fue tal el destello que vislumbramos, que postró de rodillas un viejo Mago y detrás fue el siguiente y yo el tercero y los tres veneramos a aquel carnero.

Sin palabras rezamos muy para dentro, mientras uno por uno le fue ofreciendo, temblorosas las manos por la alegría, un poquito de Oro, Incienso y Mirra.

Cuando al fin reanudamos nuestro camino, me llevé en el recuerdo a aquel chiquito, con mirada inocente de gran ternura, que aclaró en silencio todas mis dudas.

Estas son las reseñas de un viejo Mago, que siguió a un lucero sin astrolabio.

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