domingo, 14 de abril de 2013
Curiosamente he encontrado mi alma gemela en una de ellas, pero esta, no os creáis que es una hermosa florecilla del campo, ni una campana de una iglesia que tañe a los cuatro vientos su lírico sonido, sino que la he encontrado en un personaje histórico, me refiero a ATILA, último caudillo de la tribu de los hunos y más conocido por el bien merecido sobrenombre de "el azote de Dios".
Seguro que pensaréis que mi delirium tremens ha alcanzado la cota más alta tras este planteamiento, pero lo mejor es que os razone el por qué creo que es posible dicha semejanza entre este bárbaro guerrero huno y yo.
Según nos narran reconocidos historiadores, nuestro amigo tenía una predisposición asombrosa para la guerra, igual que la mía para abordar nuevas metas. También demostraba una asombrosa movilidad, gracias a sus pequeños y veloces caballos; en mi caso. un utilitario hace las mismas funciones y si no, siempre hay algún buen amigo dispuesto a llevarme, o, a traerme, de alguno de los actos que organizo, y para finalizar deciros, que también tenía una extraordinaria habilidad con el arco, que, en mi caso, más bien podríamos reemplazarla por la de la pluma, bolígrafo, o teclado del ordenador, la cuestión es que, como veis, mi amigo Atila y yo somos "casi" igualitos, si no fuese por un insignificante matiz en el asunto de los años, ya que él, nació en el 400 mientras que yo, lo hice en el 19....., de todas formas, quitando esta nimiedad no diréis, que no es excitante y emocionante saber que hace siglos, existió una persona tan intrépida como yo, que nunca se doblegaba ante las adversidades, y que tampoco abandonó su objetivo, ya fuese conquistar un imperio o, como en mi caso, escribir una novela y que os guste a todos vosotros.
©María Serralba
Si alguno se pregunta, qué es lo más peligroso de este mundo, tendría que responder: "unir a dos mujeres con mentes calenturientas", pues bien, así ocurrió en la presentación de mi novela A LA SOMBRA DE TU PIEL, y esas mujeres éramos Luisa y yo. Con la complicidad de ROSA, la propietaria de Librería LIBROS 28, sopesamos la idea de dotar al evento de un toque diferente, en tal de que los asistentes no se aburriesen y se llevaran un buen recuerdo de aquella tarde, y creo que lo conseguimos.

| ESCUCHANDO MIS "BATALLITAS" DE ESCRITORA |
| RODEADA DE BUENOS AMIGOS |
Creo que todos disfrutamos de la velada, entre otras cosas, porque se salió un poco de lo habitual y terminó por convertirse en una tertulia de amigos cuyo meta principal era, intentar por todos los medios que les desvelase cosas sobre la trama de la novela -cosa que no consiguieron-, y de futuros proyectos, ahí, sí que me extendí y con gusto, ya que el hablar de lo que le apasiona a uno siempre es enriquecedor y gratificante.
| CON LOS QUE "SI" LA HABÍAN LEÍDO |
| CON LA FAMILIA ARNAU |
LOLA Y MIGUEL JUST, TODA UNA GRATA SORPRESA
|
| ME ENCANTAN LOS AUTÓGRAFOS |
| CON LOS QUE "NO" LA HAN LEÍDO |
On abril 14, 2013 by MARÍA SERRALBA in ENTRE AMIGOS Sin comentarios
De nuevo tenemos otra aportación al micro espacio ENTRE AMIGOS, viene de la mano de Luis Elías Giordano de Luján. Léanlo y disfruten con cada verso.
ME VOY PERDIENDO
Me voy perdiendo en el sol de la tarde
En el canto lejano de los pájaros
Me voy perdiendo en el recuerdo
Y en las ausencias
En el aire fresco del otoño
En las hojas que se marchitan y caen
En lo pensamientos que duelen
Me voy perdiendo en la fatiga de mi alma
En las largas noches sin sueños
En las plantas que florecen en otoño
En la memoria de mis manos
En el reflejo esfumado de mis ojos
En no tener con quien hablar en casa
Solo esta nuestro perro que me mira y escucha
Con ternura de su afecto
La casa es otra, habitan silencios y soledades
Yo soy otro, la remo en un mar desolado
Mi corazón gastado es otro
Triste y dolido no deja de sentir.
| ME VOY PERDIENDO de Luis Elías Giordano (Luján) |
ME VOY PERDIENDO
En el canto lejano de los pájaros
Me voy perdiendo en el recuerdo
Y en las ausencias
En el aire fresco del otoño
En las hojas que se marchitan y caen
En lo pensamientos que duelen
Me voy perdiendo en la fatiga de mi alma
En las largas noches sin sueños
En las plantas que florecen en otoño
En la memoria de mis manos
En el reflejo esfumado de mis ojos
En no tener con quien hablar en casa
Solo esta nuestro perro que me mira y escucha
Con ternura de su afecto
La casa es otra, habitan silencios y soledades
Yo soy otro, la remo en un mar desolado
Mi corazón gastado es otro
Triste y dolido no deja de sentir.
sábado, 13 de abril de 2013
sábado, 6 de abril de 2013
On abril 06, 2013 by MARÍA SERRALBA in LA TRASTIENDA 2 comentarios
No, amigos, no me he confundido, efectivamente pone "el" primavera y, es que hay muchos hombres que caen incautos ante las garras de las mujeres bellas y ladinas, sin ir muy lejos tenemos una muestra de ello en nuestro renombrado Don Quijote y su Dulcinea, esta última, una muchacha de posada que, a los ojos del hidalgo caballero, asemejaba a una princesa, pues bien, aquí os dejo una breve escena que, bien podría ser uno de esos pasajes del caballero de la triste figura y su bella damisela.
DONCELLA EL PRIMAVERA
¿Por qué he de esperar a ser flor, mi apuesto y bello galán, si sabes que estoy genial para calmar hoy tu ardor?
Me dijiste sonrojada con la falda arremangada esperando mi respuesta. Pobre niña desvalida, inocente y puritana. Debería estar prohibido, el dejar que estas muchas se escapasen tan tempranas de los hospicios divinos.
Yo sabía que te amaba, pero no encontré el valor de decírtelo a la cara; las muchachas como tú de dudosa procedencia, eran piezas suculentas para un hombre como yo, pero, yo, quise algo más que me hiciese suspirar al oler las margaritas, o, las lavandas en flor, o, al correr y retozar por un jardín de mimosas, o, al coger un tulipán, o, incluso, una petunia e inhalar su dulce olor.
¿Por qué no he de ser tuya hoy?, mi apuesto y bello Don Juan.
Me volviste a insistir, desplazando con tus dedos las briznas de hierba fresca, que tu mirada altanera observaba en torno a mí.
Tu arrebato de pasión me dejó anonadado, no en vano, me hice el despistado, y tomándote del brazo te llevé, cauto y celoso, por la vereda del bosque hasta llegar al arroyo.
¿Es que acaso no me amas? Mi príncipe de las delicias, mi sultán, mi ángel guardián, que tan solo me regalas bombones y empanadillas? Y brillantes y sortijas, ¿a caso no hay en tu pueblo, que vengan bien a mi dedo? Eso..., me llenaría de dicha.
Me volviste a insistir con tu cara cenicienta reflejada en el tapiz de unas flores que, aunque abiertas, ofrecían sus colores a mis pupilas sedientas.
Oye, no sé lo que pasa –dijiste sin titubeos-. Si no es eso, ¿qué sucede?, ¿acaso crees que mi aspecto de muchacha virginal puede ser impedimento para gozar del momento o bien, recibir el parné por el tiempo que dejé de ganar, hoy, el sustento atendiendo a tus caprichos?
No es eso, mi bella dama –le respondí boquiabierto-, pero creo que tus ansias son propias de las doncellas que, al llegar la primavera, su sangre sienten hervir, por no decir sus portentos. Yo te amo y te respeto, y por tanto esperaré a que, llegado el momento, pueda consultar si existen, uno o dos impedimentos, para pedirle a tu padre, o, al mismo carcelero, tu mano ante el altar y así, ser, yo, el primero.
Deja ya de tanto cuento, y hazme tuya, mi señor, ¿el primero?, ¡Santo Dios!, eso, ya, ni lo recuerdo. Al fin tendrán la razón los que dicen por ahí, que eres un primavera y, que crees tu propia historia, la del viejo solterón en busca de una doncella que le prometa su amor. Yo no soy esa doncella, así que dame el dinero de las tres horas de hoy, que tengo que regresar a la fonda del patrón y anda pues con viento fresto.
©María Serralba
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








