martes, 29 de abril de 2014
Desde el mismo instante que uno toma contacto con la naturaleza, es como si entrase en otro mundo, así fue como me sentí en este precioso bosque de chopos, y por supuesto, no pude resistirme a grabar en mi mente su sonido mientras el viento azotaba las ramas de los árboles.
Un segundo con los ojos cerrados y respirando su perfume y otro, abiertos e inundando las retinas de este verde luminoso, era todo lo que necesitaba para recargar las energías que había perdido durante mi recorrido por tierras andaluzas.
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