domingo, 19 de mayo de 2013
Desde que el mundo es mundo, siempre ha existido un extraño vínculo o relación especial entre el ser humano y estos indefensos animalitos, me refiero a los lepidópteros, o comunmente llamados mariposas.
El mundo esotérico, o místico, desde hace siglos, también se ha visto beneficiado de la armonía que ofrece la simple visión de estos especímenes de la naturaleza cuando están en pleno vuelo. Un claro ejemplo de ello lo vemos en la amazonía, entre la vegetación de los bosques tropicales. El espectáculo de cientos de miles de mariposas revoloteando por todas partes, o bien, posadas en el tronco de un arbo exhibiendo su impresionante pigmentación que parece sacada de la paleta de un pintor, le quita a uno la respiración, y es que, no es para menos.
| Fotografía: Kelvín Hadson |
Pues bien, haciendo un sutil giro a mi exposición y siguiendo en la línea de desvelaros los distintos talismanes que he ido utilizando para mis presentaciones, he de confesaros que el de la mariposa, tenía un doble significado.
La primera vez que lo utilzaba fue más a título decorativo que en realidad, el sentido que yo le quería dar; ese, solo lo empleé en Alicante, en la presentación que hice justo en vísperas de las festividades navideñas. El acto resultaba sumamente emotivo para mí, y sobre todo de gran riesgo, nada menos que estaba en mi ciudad, ante mis familiares y amigos, y, además, tenía que demostrar a todos, más que nunca, mi valía como escritora. La "oruga", tímida que había nacido en noviembre, ahora se presentaba ante todos como una pequeña y valiente crisálida, así que me armé de valor y empecé a hablar y a hablar sin cesar de mi trabajo y de mi obra, con la fuerza que me dió el batir de mis alas de escritora.
La primera vez que lo utilzaba fue más a título decorativo que en realidad, el sentido que yo le quería dar; ese, solo lo empleé en Alicante, en la presentación que hice justo en vísperas de las festividades navideñas. El acto resultaba sumamente emotivo para mí, y sobre todo de gran riesgo, nada menos que estaba en mi ciudad, ante mis familiares y amigos, y, además, tenía que demostrar a todos, más que nunca, mi valía como escritora. La "oruga", tímida que había nacido en noviembre, ahora se presentaba ante todos como una pequeña y valiente crisálida, así que me armé de valor y empecé a hablar y a hablar sin cesar de mi trabajo y de mi obra, con la fuerza que me dió el batir de mis alas de escritora.

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