domingo, 23 de septiembre de 2012
On septiembre 23, 2012 by MARÍA SERRALBA in LA TRASTIENDA Sin comentarios
En el jardín de mi abuela,
inundado de geranios, de rosas y enredaderas,
y cipreses cimbreando al vientos que les meciera,
se ha infiltrado un clavel, nadie sabe el porqué.
De la noche a la mañana el clavel fue germinando,
con las gotas de rocío que le sobraban al alba,
y las veinte regaderas con que mi abuela regaba su jardín de flores bellas,
todas ella muy lozanas y tratadas con primor, como el clavel reventón.
Poco a poco nuestro amigo, entre ellas floreció,
abriendo sus bellos pétalos a la salida del sol,
para que todos los rayos le avivaran el color,
y cimbreaba su tallo al son de bellas canciones,
que mi abuela iba cantando mientras, con sus dedos torpes,
de hojarascas y hierbajos limpiaba sus nuevos brotes.
Los geranios, cuando vieron que él agradaba a mi abuela,
con odio le maldijeron, y absorbidos por los celos, quisieron,
a espaldas de ella, invocar al frio viento y al granizo traicionero,
que cayese sobre él cuando llegase el invierno.
¡Ay!, necios estos geranios, que creyéndose a salvo de la ventisca glacial,
no pensaron que el clavel, se encontraba colocado en el centro del plantel,
donde ellos convivían, felices, hasta que él,
les eclipsó la belleza con su dulce y bello ser.
Llegaron pues los granizos y el cielo tiño de nubes tan negras como el carbón,
y los geranios cobardes se agruparon entre ellos, dejando solo al clavel,
que recibiera en su tallo el azote de los vientos y pereciera así pues.
Cuando todo se calmó, mi abuela salió al jardín,
comprobando, apenada, que sus geranios y rosas estaban bien anegados,
tan solo la enredadera, se había salvado airosa de la cruda tempestad,
y enganchado a sus ramas, pudo verse al clavel,
que de forma milagrosa sostenía su corola a salvo del cenagal.
Con el tiempo, las tormentas dieron paso a los calores,
del plantel, nada quedó,
aunque mi abuela me dijo que aquel clavel reventón, no paró de florecer,
rodeándose de brotes que cubrieron el terreno donde antaño,
los geranios se agrupaban por colores y se reían de él.
Moraleja:
“Nunca subestimes al ser más débil,
en los momentos difíciles
puede resultar ser el más fuerte”
©María Serralba
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